La Oración Personal

 

 

 

En silencio y soledad, gustamos y saboreamos la alegría de vivir sólo para Dios.

 

 

* Acallando otras voces, aprendemos a escuchar su Presencia en medio de nosotras.

 

 

* Meditando su palabra la hacemos descender hasta nuestra vida concreta.

 

 

* En silencio ante Dios, miramos al mundo con amor, compartimos los gozos y sufrimientos de los hombres e invocamos su bendición para todos.



"La oración debe ser breve y pura".

Regla Benedictina, 20, 4