Palabras Finales

Queridos hermanos y hermanas, amigos todos:

 

Mi corazón está lleno de agradecimiento. Siento la necesidad de daros a todos las gracias por acompañarme en este acontecimiento tan especial para mí y para mi querida comunidad.


Deseo comenzar dando las gracias a nuestro Sr. Arzobispo, D. Francisco. Él, desde el primer momento, me manifestó su cercanía y disponibilidad. También a vosotros, sacerdotes diocesanos, que habéis querido uniros a nosotras. Asimismo quiero agradecer la presencia de nuestra M. Presidenta y del P. Asistente de nuestra Federación, de las M. Abadesas y monjas y monjes de distintos monasterios. Un gracias muy grande a Dios que ha permitido que mi madre estuviera junto a mí en este acontecimiento, ella fue mi primera maestra, la que me enseñó tantos valores que hoy me van a ser tan útiles para el servicio encomendado ; a mis hermanas, sobrinas y demás familia; a mis amigos y amigas.


Gracias al Sr. Alcalde que representa a nuestro querido pueblo de Palacios, tan vinculado a nuestro monasterio. y a todos los del pueblo que habéis querido estar con nosotras.


Gracias a mis compañeros de la Sociedad de Estudios Monásticos, a los que me unen unos lazos entrañables de amistad y de búsqueda conjunta, a mi querido grupo de oración con el que camino en el conocimiento de Jesús por las sendas del Evangelio.


Gracias a M. Concepción, la abadesa que en su día me recibió, a mi antecesora M .Pilar y a mis hermanas de comunidad que habéis depositado vuestra confianza en mí. Espero no defraudaros.


Gracias, por último, a todos los aquí presentes y a los que no habéis podido acudir a Palacios a pesar de vuestro deseo.


ESCUCHA HIJA. Estas dos palabras, grabadas en la cruz del pectoral que llevo sobre mi corazón, las he escogido como lema que oriente ,sostenga y aliente mi servicio de abadesa en esta querida comunidad de Palacios. Son las dos primeras palabras con las que comienza la Regla de san Benito Quiero explicaros de manera breve y sencilla lo que significan para mí en estos momentos.


ESCUCHA HIJA. En primer lugar, quiero escuchar desde este monasterio benedictino y con esta comunidad contemplativa la voz de Dios que, de manera callada pero constante, nos habla al corazón sin pronunciar palabras humanas. Deseo que en esta comunidad de Palacios vivamos escuchando a Dios en silencio, con paz, en actitud de alabanza y de acción de gracias. Lo necesitamos nosotras. Lo necesita el mundo. Lo necesita la Iglesia. Lo necesitamos todos. Quiero escuchar a Dios y contribuir así, de forma humilde, a que quienes se acerquen a esta comunidad se sientan invitados a encontrarse con el Dios Bueno, Amigo y Salvador de todos.

 

ESCUCHA HIJA. Quiero escuchar como abadesa y junto con todas mis hermanas, lo que el Espíritu de Jesús dice hoy a las Iglesias. No queremos ser una comunidad encerrada en nuestros propios problemas preocupaciones. Desde aquí sufriremos y gozaremos con la Iglesia de hoy. Compartiremos los problemas e inquietudes de la Iglesia de Burgos y de la Iglesia universal. En este coro y en esta iglesia pediremos por las parroquias y los grupos cristianos, por las familias y por los jóvenes. Desde aquí apoyaremos con nuestra oración el trabajo pastoral y evangelizador de nuestra diócesis y los esfuerzos de los presbíteros, los religiosos/as y los laicos y laicas.. Sentidnos cerca. Estamos con vosotros y vosotras. Sentid que nuestra respiración expresa el deseo profundo de caminar con todos vosotros hacia Dios, cada cual llevando a cabo el sueño que Dios tiene para cada uno, para cada una.


ESCUCHA HIJA. Siguiendo los pasos de Jesús y de la Iglesia, quiero escuchar, a una con mi comunidad, los sufrimientos, conflictos y aspiraciones del mundo actual, de ese mundo que el Padre tanto amó y al que dio su propio Hijo. Escuchar de manera especial el dolor y el sufrimiento de los últimos, los más pobres y los más olvidados, los maltratados y excluidos. No estamos aquí para vivir pensando solo en nosotras. Nuestra vida es intercesión por toda la humanidad a la que Dios ama apasionadamente. Intercederemos por todos ante este Cristo de los Ojos grandes tan querido por nosotras y por nuestro pueblo. A él le presentaremos vuestros dolores, penas, alegrías. Venid a orar ante él y, cuando os marchéis, tened la seguridad que nosotras prolongaremos vuestra oración.


ESCUCHA HIJA. Podéis imaginar que este lema es para mí, antes que nada, una invitación a escuchar, acompañar, alentar y servir a esta comunidad y a cada una de mis hermanas. Conozco mis limitaciones y defectos, mi pobreza y fragilidad, pero sé que Dios me llama a este servicio y mis hermanas me lo piden. No lo siento como carga sino como un regalo grande. Estoy ya experimentando que es una gracia grande de Dios poder estar más cerca de cada hermana, escuchar su vida, compartir sus gozos y sus deseos, también sus penas y preocupaciones. Sé que podemos estrechar aún más nuestros lazos fraternos, sostenernos unas a otras a llevando nuestras dolencias y trabajos, hacer crecer la paz y la alegría en nuestros corazones, estimularnos y ayudarnos a vivir de manera renovada nuestra vocación monástica.


Pero nuestra comunidad no termina en el recinto de la clausura. La comunidad benedictina de Palacios ha sido siempre reconocida como una comunidad acogedora y hospitalaria. No queremos perder este espíritu benedictino, al contrario, queremos enriquecerlo cuidando mejor aún nuestra acogida a todos, sobre todo, a quienes más necesitan hoy un clima de paz, silencio y oración para curar sus heridas, hallar consuelo, encontrarse con Dios y seguir con más fidelidad a Jesús. Sabed que estamos aquí. Contad con nuestra acogida.
Os pido que sigáis acompañándome con vuestra oración para que sea una abadesa “según el corazón de Dios” y como nos pide nuestro P. San Benito. Que el Señor bendiga a nuestra comunidad con nuevas vocaciones, os bendiga a vosotros y a vuestros hogares y os conceda su paz.

ENTREVISTA DIARIO RECORDATORIO