Domingo III - B

domingo 3 2021Marcos 1, 14-20

La voz del último de los profetas que anuncian la llegada del Señor, Juan, el Bautista, había sido acallada. Con su arresto intentaron acallar una voz incómoda y desafiante. Y ahora Jesús toma el testigo. El tiempo de espera que se vive en Israel ha acabado. Con Jesús comienza una era nueva. Dios no quiere dejarnos solos ante nuestros problemas, sufrimientos y desafíos. Quiere construir junto con nosotros un mundo más humano, más justo, más fraterno.

Jesús viene proclamando que “Ha llegado el tiempo. El Reino de Dios está cerca”. Y, propone dos actitudes para pertenecer a este Reino: la conversión y la fe. Para ser seguidores de Jesús, esto es lo primero que tenemos que escuchar en nuestro corazón. Ha llegado la hora, no hay que esperar más. Dios está muy cercano a nosotros. Quiere reinar en nuestra vida y hacer un mundo diferente, más humano y más justo para todos. Hay que cambiar de manera de pensar. Y lo primero es tener fe, creer en esa Buena Noticia que puede cambiarlo todo.

Según el evangelista Marcos, Jesús no actúa solo. Desde el comienzo llama a algunos para que lo acompañen en su misión y colaboren con él al servicio del reino de Dios. Llama a pescadores, gente sencilla que conoce y sufre los problemas de la gente.

Cuando Jesús los llama a seguirle no pronuncia grandes discursos, ni aporta largos razonamientos o motivaciones. Expone, simplemente, el sentido de la llamada con palabras más bien escasas, pero concisas y certeras. En este caso, parte de su actividad diaria, para hacerles el planteamiento de lo que quiere de ellos: ” Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Jesús les asigna una nueva tarea y Él se compromete a prepararlos. No se dedicarán más a la pesca, llevarán a otros hombres a recorrer el mismo camino que ellos han emprendido, el camino de comunión de vida con Jesús.

El imperativo que utiliza Jesús, no supone en modo alguno que sea una orden sin posibilidad de réplica o de negativa para quien la recibe. El discípulo se encuentra a solas ante la llamada recibida, de modo que puede responder a ella de un modo afirmativo tanto como negándose a acogerla. Estos cuatro hombres, fascinados por Jesús, acogieron la invitación y lo dejaron todo, su trabajo de pescadores, sus familias y se fueron con Él para ser pescadores en otros mares. Creyeron firmemente en su palabra y lo siguieron.

Hoy también Jesús sigue llamando y nos invita a dejar “nuestras redes” en la barca para convertirnos en “pescadores de hombres”. La tarea es ardua, inmensa, pero apasionante… El mundo de hoy necesita testigos de Jesús, ¿estamos dispuestos a escuchar su voz?