Domingo 11 - A 2026

domingo 11 a 2026Mateo 9, 36 :10,8

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús recorriendo pueblos y aldeas, anunciando el Reino de Dios y curando a los enfermos. No permanece distante ante las necesidades de las personas, sino que sale a su encuentro. Al contemplar a la multitud, se conmueve profundamente porque la ve «cansada y abatida, como ovejas que no tienen pastor». Su mirada descubre el sufrimiento, las búsquedas y las heridas que muchas veces permanecen ocultas.

La compasión de Jesús no se queda en un sentimiento. De ella nace la misión. La mies es abundante, dice el Señor, y por eso invita a pedir al dueño de la mies que envíe trabajadores a su campo. El anuncio del Evangelio sigue siendo una tarea urgente en un mundo que necesita esperanza, orientación y sentido.

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Corpus Christi - A 2026

cuerpo de cristo a 2026Juan 6, 51-58

Hay hambres que no se ven: hambre de sentido, de paz, de una palabra que sostenga la vida. En medio de esa búsqueda, escuchamos una afirmación luminosa: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”. No se nos ofrece una teoría, sino una presencia: alguien que quiere hacerse alimento para el camino.

El pan es sencillo y cotidiano. Se parte, se comparte y sostiene la vida. Quizá por eso Jesús elige esta imagen para hablar de sí mismo. No viene a imponerse, sino a entregarse; no reclama nada, se ofrece.

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Son palabras que siguen sorprendiendo. Nos hablan de un Dios que no permanece distante, sino que quiere unirse a nuestra vida y habitar en nosotros.

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Santísima Trinidad - A 2026

Santa Trinidad 2026La solemnidad de la Santísima Trinidad nos invita a contemplar el misterio más profundo de nuestra fe: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en comunión perfecta de amor. El Evangelio que acabamos de escuchar no intenta explicar filosóficamente este misterio, sino mostrarnos cómo actúa Dios en favor de la humanidad.

Jesús dice: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único.”

Aquí descubrimos el corazón de la Trinidad: el Padre ama al mundo, el Hijo se entrega para salvarlo y el Espíritu Santo hace posible que ese amor transforme nuestra vida. Dios no permanece lejano; entra en nuestra historia para ofrecernos salvación y vida nueva.

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Pentecostés - A 2026

Pentecostes 2026Juan 20,19-23

Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo, el día en que Dios renueva el corazón de los discípulos y da inicio a la misión de la Iglesia. El Evangelio nos muestra a los apóstoles encerrados por miedo. Habían caminado con Jesús, pero la cruz había llenado sus corazones de inseguridad y tristeza. El miedo los paralizaba.

Sin embargo, Jesús resucitado entra en medio de ellos. No pregunta por sus errores ni les reprocha haberlo abandonado. Lo primero que les ofrece es la paz: “La paz esté con vosotros”.

Qué importante es esto para nuestra vida. Muchas veces también nosotros vivimos inquietos, cansados o llenos de preocupaciones. Hay heridas interiores que nadie ve, luchas silenciosas, momentos en que la fe parece debilitarse. Pero Jesús sigue acercándose a nosotros para devolvernos la paz y la esperanza.

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Ascensión del Señor - A 2026

ascension2026Mateo 28, 16-20

En la solemnidad de la Ascensión del Señor contemplamos a Cristo que vuelve al Padre sin dejar de permanecer junto a nosotros. Su subida al cielo no significa ausencia, sino una presencia más profunda y universal. Él lleva nuestra humanidad hasta Dios y abre para todos el camino de la esperanza.

Que esta fiesta nos ayude a levantar la mirada por encima de las preocupaciones diarias, sin huir de nuestras responsabilidades, pero recordando que nuestra vida tiene un destino eterno. Estamos llamados a caminar por la tierra con el corazón puesto en el cielo.

La Ascensión nos recuerda también que somos enviados. El Señor confía en nosotros para continuar su obra en el mundo. Cada palabra buena, cada gesto de misericordia y cada servicio humilde pueden convertirse en anuncio del Evangelio.

Que no vivamos una fe triste ni encerrada en nosotros mismos. Cristo resucitado sigue actuando en medio de su Iglesia y acompaña cada paso de quienes confían en Él. Allí donde parece haber oscuridad, el Señor sigue encendiendo esperanza.

Pidamos la gracia de vivir con serenidad y confianza, sabiendo que Jesús permanece con nosotros todos los días. Y que, mientras esperamos la fuerza del Espíritu Santo, aprendamos a ser testigos valientes, sencillos y alegres del amor de Dios en medio del mundo.