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Solemnidad de Todos los Santos - A 2026

Todos los Santos 2026Hoy celebramos a todos los santos, no solamente a aquellos cuyos nombres conocemos y veneramos en los altares, sino también a tantos hombres y mujeres sencillos que hicieron de su vida un camino de amor.El papa Francisco los llamaba «los santos de la puerta de al lado»: personas que encontramos cada día, que quizá pasan desapercibidas, pero que hacen presente a Dios con su manera de vivir. Una madre que se entrega por sus hijos, un abuelo que reza en silencio, alguien que perdona, que acompaña al que sufre o que regala esperanza cuando otros la han perdido.

La santidad no consiste en ser perfectos, sino en dejar que Dios transforme nuestro corazón. Por eso, todos estamos llamados a ser santos, no haciendo necesariamente cosas extraordinarias, sino viviendo lo cotidiano con un amor extraordinario.

Las bienaventuranzas que hoy escuchamos nos muestran el camino: ser misericordiosos, humildes, limpios de corazón, sembradores de paz. En definitiva, aprender a parecernos a Jesús.

Hoy preguntémonos: ¿qué hay de Dios en mi manera de vivir?, ¿soy capaz de transmitir amor, paz y esperanza a quienes tengo cerca?
No tengamos miedo a la santidad. Dios no nos pide que seamos perfectos, sino que le abramos el corazón y dejemos que Él actúe en nuestra vida.

Que, al terminar nuestro camino por este mundo, alguien pueda decir que, gracias a nuestro amor, pudo descubrir un poquito más el rostro de Dios.

Domingo 30 - A 2026

domigo 30 a 2026Mateo 22, 34-40

En el Evangelio de este domingo, los fariseos intentan poner a prueba a Jesús preguntándole cuál es el mandamiento más importante de la Ley. Se trataba de una pregunta difícil, pues los judíos tenían numerosos preceptos y consideraban que todos debían cumplirse. Sin embargo, Jesús responde con claridad y sabiduría, señalando dos mandamientos fundamentales: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo.

Jesús une estos dos mandamientos y nos enseña que no pueden separarse. El amor a Dios se hace visible y concreto en el amor a los demás. No podemos decir que amamos a Dios si ignoramos el sufrimiento de quienes nos rodean, si somos indiferentes ante sus necesidades o si no somos capaces de ofrecerles comprensión, respeto y ayuda. Amar a Dios significa también amar a las personas que Él ama, reconociendo en cada una su dignidad y su valor.

Este mensaje nos recuerda que la verdadera fe no consiste únicamente en cumplir normas, rezar o practicar determinadas costumbres religiosas. Todo ello pierde su sentido si no está acompañado del amor. El amor es la esencia de la vida cristiana y la verdadera medida de nuestra relación con Dios. San Agustín lo expresó con una frase muy conocida: «Ama y haz lo que quieras», recordándonos que quien ama de verdad procura siempre el bien de los demás.

Jesús mismo es nuestro mejor ejemplo, pues nos amó hasta entregar su vida por todos. Por eso, estamos llamados a vivir ese mismo amor en nuestra vida cotidiana, mediante gestos concretos de generosidad, paciencia, perdón, solidaridad y servicio, especialmente con las personas que tenemos más cerca.

“Señor, enséñanos a amarte con todo el corazón y a amar al prójimo como Tú nos amas. Amén.”

Domingo 29 - A 2026

domingo 29 a 2026Mateo 22, 15-21

En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Con estas palabras, nos invita a reflexionar sobre nuestras responsabilidades en el mundo y, sobre todo, sobre el lugar que Dios ocupa en nuestra vida.

Los fariseos quieren poner a prueba a Jesús, pero Él responde con una sabiduría que va más allá de la trampa que le han preparado. Nos enseña que debemos cumplir nuestros deberes como ciudadanos, trabajar honradamente, respetar a los demás y contribuir al bien común. Pero también nos recuerda que no podemos dar al mundo lo que pertenece a Dios: nuestro corazón, nuestra conciencia y nuestra fidelidad.

La moneda llevaba la imagen del César, pero nosotros llevamos impresa la imagen de Dios, porque hemos sido creados a su imagen y semejanza. Por eso, dar a Dios lo que es de Dios significa entregarle nuestra vida, amar como Él nos ama y vivir conforme a su voluntad.
Hermanos, a veces damos mucho tiempo al trabajo, al dinero, a las preocupaciones y a las cosas materiales, pero dejamos a Dios para el último lugar. Hoy Jesús nos pregunta: ¿qué lugar ocupa Dios en tu vida? ¿Se nota tu fe en la manera de tratar a tu familia, de trabajar, de perdonar y de ayudar a los necesitados?

Pidamos al Señor que nos conceda un corazón sincero, capaz de cumplir nuestras responsabilidades y de poner siempre a Dios en el centro de nuestra existencia.

Que nuestra vida entera sea una respuesta de amor a Aquel que nos ha creado y nos ha amado primero.

Domingo 28 - A 2026

domingo 28 a 2026Mateo 22, 1-14

En el Evangelio de hoy, Jesús nos presenta a un rey que invita a todos a un banquete de bodas. Esta imagen nos habla del amor de Dios, que nos llama a vivir en comunión con Él y a participar de la alegría de su Reino.

Sin embargo, algunos invitados rechazan la invitación porque están demasiado ocupados en sus propios asuntos. También nosotros podemos caer en esa actitud: las preocupaciones, el trabajo, las prisas y los problemas de cada día pueden hacer que dejemos a Dios en segundo lugar.

Pero Dios no se cansa de invitarnos. Su llamada es para todos, nadie queda excluido de su amor. Lo importante es abrirle el corazón y responder con generosidad.

El Evangelio también nos habla del vestido de fiesta. No basta con aceptar la invitación exteriormente; es necesario revestirnos de una vida nueva, marcada por la fe, el amor, la misericordia y el compromiso con los demás.

Preguntémonos hoy: ¿estamos respondiendo a la invitación de Dios o siempre encontramos una excusa para dejarlo para después? El Señor nos invita a su mesa, nos ofrece su amor y nos envía a compartir esa alegría con los demás.

Que no seamos cristianos solo de nombre, sino discípulos que viven revestidos de amor y de buenas obras.

Domingo 27 - A 2026

domingo 27 a 2026Mateo 21, 33-43

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola de la viña. Un hombre planta una viña, la cuida con esmero y después la confía a unos labradores. Todo lo ha preparado para que dé fruto. Sin embargo, cuando llega el momento de recogerlo, aquellos hombres se olvidan de que la viña no es suya.

Esta parábola nos habla también de nosotros. La viña que Dios nos ha confiado es nuestra propia vida. Dios nos ha dado mucho: una familia, personas que nos quieren, capacidades, oportunidades, nuestra fe, nuestro tiempo… Y todo eso está llamado a dar fruto.

Pero quizá alguna vez también nosotros nos comportamos como aquellos labradores y pensamos que todo nos pertenece. Nos olvidamos de agradecer y de compartir. Queremos vivir nuestra vida a nuestra manera y dejamos a Dios fuera.

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