Confiar en el tiempo de Dios
Cuando la espera es también camino
Hay momentos en los que la vida parece avanzar más despacio de lo que desearíamos. Esperamos una respuesta, una señal, una puerta que se abra. Nos gustaría resolver cuanto antes aquello que nos preocupa, pero el tiempo tiene un ritmo que no siempre coincide con el nuestro.
También el Evangelio nos recuerda que la espera forma parte del camino de la fe. No es un tiempo vacío ni una pausa estéril, sino un espacio donde aprendemos a confiar. A veces creemos que solo caminamos cuando todo se mueve; sin embargo, hay pasos decisivos que se dan precisamente mientras aguardamos.
Esperar no significa permanecer inmóviles, sino seguir habitando el presente con fidelidad. Es descubrir que Dios también trabaja en el silencio, en lo que no vemos, en aquello que todavía no comprendemos. Su acción rara vez responde a nuestras prisas, pero nunca llega tarde.


Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja.
La formación inicial humana y monástica, tema delicado y complejo, tema comprometedor y apasionante a la vez que nosotras, como formadoras, hemos de abordar desde la responsabilidad y desde el reto que supone realizar esta misión que se nos ha confiado en nuestras respectivas comunidades.
A lo largo de estos días hemos profundizado en varios niveles de la teología de la vida comunitaria: tanto en su dimensión sacramental como en otros aspectos de la misma. Ahora me toca a mí descender a la vida cotidiana.