Domingo 29 - A 2026
En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Con estas palabras, nos invita a reflexionar sobre nuestras responsabilidades en el mundo y, sobre todo, sobre el lugar que Dios ocupa en nuestra vida.
Los fariseos quieren poner a prueba a Jesús, pero Él responde con una sabiduría que va más allá de la trampa que le han preparado. Nos enseña que debemos cumplir nuestros deberes como ciudadanos, trabajar honradamente, respetar a los demás y contribuir al bien común. Pero también nos recuerda que no podemos dar al mundo lo que pertenece a Dios: nuestro corazón, nuestra conciencia y nuestra fidelidad.
La moneda llevaba la imagen del César, pero nosotros llevamos impresa la imagen de Dios, porque hemos sido creados a su imagen y semejanza. Por eso, dar a Dios lo que es de Dios significa entregarle nuestra vida, amar como Él nos ama y vivir conforme a su voluntad.
Hermanos, a veces damos mucho tiempo al trabajo, al dinero, a las preocupaciones y a las cosas materiales, pero dejamos a Dios para el último lugar. Hoy Jesús nos pregunta: ¿qué lugar ocupa Dios en tu vida? ¿Se nota tu fe en la manera de tratar a tu familia, de trabajar, de perdonar y de ayudar a los necesitados?
Pidamos al Señor que nos conceda un corazón sincero, capaz de cumplir nuestras responsabilidades y de poner siempre a Dios en el centro de nuestra existencia.
Que nuestra vida entera sea una respuesta de amor a Aquel que nos ha creado y nos ha amado primero.
