Adviento - Desierto - Conversión

Adviento. Desierto. Conversión. “Preparad el camino al Señor”

Lucas, quien nos va a acompañar a lo largo de este año, tiene interés en precisar, con detalle, los nombres de los personajes que controlan en aquel momento las diferentes esferas del poder político y religioso. Ellos son quienes lo planifican y dirigen todo. Sin embargo, el acontecimiento más importante y decisivo de la historia se prepara y acontece fuera de su ámbito de influencia y poder. Sin que ellos se enteren ni decidan nada.

Y es que es así como aparece siempre lo esencial en el mundo y en nuestras vidas. Así penetra en la historia humana la gracia y la salvación de Dios. Y es que lo esencial no está en manos de los poderosos. Así, escuetamente: «la Palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto». No en la Roma imperial ni en el recinto sagrado del Templo de Jerusalén.

Y es que para escuchar la llamada de Dios a cambiar el mundo en ninguna parte mejor que en el desierto. El desierto es el territorio de la verdad. El lugar donde se vive de lo esencial. Allí no hay sitio para lo superfluo. No se puede vivir acumulando cosas sin necesidad. No es posible el lujo ni la ostentación. Lo decisivo es buscar el camino acertado para orientar la vida.

Por eso, algunos profetas añoraban tanto el desierto, símbolo de una vida más sencilla y mejor enraizada en lo esencial. Una vida todavía sin distorsionar por tantas infidelidades a Dios y tantas injusticias con el pueblo. En este marco del desierto, el Bautista anuncia el símbolo grandioso del «Bautismo», punto de partida de conversión, purificación, perdón e inicio de vida nueva.

¿Cómo responder hoy a esta llamada? El Bautista lo resume en una imagen tomada de Isaías: «Preparad el camino del Señor». Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones a nuestro mundo. Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús.

Cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario,

rectificar lo que hemos ido deformando entre todos,

enderezar caminos torcidos, afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión.

Jesús Yusta Sainz