1 Adviento - A 2025
Hoy, al comenzar el tiempo de Adviento, la Iglesia nos invita a abrir los ojos del corazón y a prepararnos para la venida del Señor. El Evangelio nos presenta una imagen muy clara: Jesús compara nuestra vida con los días de Noé. Todos vivían su vida cotidiana, comían, bebían, se casaban… hasta que llegó el diluvio. Nadie lo esperaba, y sin embargo ocurrió. De la misma manera, el Hijo del Hombre vendrá “cuando menos lo esperemos”.
Esta comparación no es una llamada al miedo, sino a la vigilancia del corazón. Vigilar significa estar atentas a la presencia de Dios en nuestra vida cotidiana, en los gestos sencillos, en los encuentros, en los silencios. Significa no dejarnos adormecer por la rutina, sino mantener despierta nuestra conciencia y nuestro espíritu. Adviento nos invita a una espera activa, no pasiva. Preparar la llegada del Señor es preparar el corazón, cultivar la humildad, la apertura y la generosidad, y reconocer aquello que nos aleja de Dios para poder convertirnos.
La vigilancia y la esperanza van siempre juntas. La esperanza no es un deseo superficial; es la confianza de que Dios actúa en nuestra historia y en nuestra vida, incluso cuando no lo vemos. Cada momento puede convertirse en un encuentro con Él. La venida de Jesús no es solo un acontecimiento histórico que recordamos en Navidad, sino un misterio que se realiza cada día, en nuestra vida concreta, en nuestra manera de vivir y de amar.
Este tiempo de Adviento nos recuerda que no podemos esperar de manera pasiva. Cada instante es una oportunidad para vivir con atención, responsabilidad y amor. Cada gesto de bondad, cada palabra de consuelo, cada acto de justicia es un modo de preparar el corazón para acoger la Luz que viene. Así, la esperanza se convierte en acción, y la espera en vida transformada.
El Señor nos invita hoy a preguntarnos: ¿Dónde necesitamos despertar? ¿Qué actitudes de nuestra vida necesitan ser iluminadas por la gracia de Dios? ¿Cómo podemos convertir nuestra esperanza en gestos concretos de amor y servicio hacia los demás?
Que este Adviento nos encuentre vigilantes y atentas, con los corazones abiertos a la llegada del Señor. Que nuestra esperanza no sea solo deseo, sino acción. Y que nuestra vida, iluminada por la Luz de Cristo, se convierta en testimonio de la venida del Señor para todos los que nos rodean.

