4 Adviento - A 2025
Hoy el Evangelio nos presenta a San José, un hombre justo, sencillo y humilde, que se enfrenta a una situación inesperada y difícil. María, su prometida, está embarazada por obra del Espíritu Santo. Podemos imaginar su desconcierto, su temor y hasta la tentación de retirarse discretamente para no causar daño. Pero en medio de su incertidumbre, Dios se le revela a través de un ángel que le recuerda que todo esto es parte de un plan divino. Y José, fiel y valiente, dice su “sí” a Dios, aceptando lo que no comprende del todo, confiando en la acción del Espíritu.
José nos da hoy un gran ejemplo. Nos enseña que la fe no consiste en tener todas las respuestas ni en entender cada situación, sino en confiar en Dios y en su plan, aunque nos parezca sorprendente o difícil. Cuántas veces en nuestra vida nos sentimos como José: frente a decisiones complicadas, situaciones inesperadas, problemas que no sabemos cómo resolver… y nos invade el miedo o la duda. La invitación del Evangelio es clara: dejemos que Dios nos hable y nos guíe, y respondamos con obediencia y confianza.
También aprendemos de José la grandeza de la humildad. Dios elige lo sencillo, lo cotidiano, lo discreto. Así entra en nuestra historia y transforma nuestras vidas. No necesitamos grandes títulos ni poder aparente para que Dios actúe a través de nosotros; basta nuestra disponibilidad, nuestro “sí” cotidiano. Cada gesto de amor, cada acto de generosidad, cada decisión tomada con fe, puede convertirse en un instrumento de salvación y esperanza en el mundo.
Finalmente, el Evangelio nos recuerda la promesa de Dios: Emmanuel, “Dios con nosotros”. Cada Adviento nos invita a abrir los ojos y el corazón para reconocer esa presencia, para prepararnos y acoger al Señor que viene. Que este tiempo nos ayude a imitar a José, diciendo también nosotros un “sí” confiado a Dios, dejando que transforme nuestra vida, y nuestra comunidad.
Que este cuarto domingo de Adviento nos llene de esperanza y nos prepare para vivir la Navidad con un corazón abierto y dispuesto. Que podamos imitar a José, acogiendo con amor y confianza la presencia de Dios en nuestra vida, y siendo instrumentos de su paz y su gracia para nuestras hermanas de comunidad, para nuestros familias, amigos, conocidos y todos aquellos que se acercan a nosotras.
Que nuestro corazón se convierta en un hogar donde Jesús pueda nacer y crecer cada día, y que aprendamos a caminar siempre con fe, humildad y amor, confiando en que Dios está con nosotros, Emmanuel.

