Domingo 16 - A 2026
Hay momentos en los que el mal parece crecer con más fuerza que el bien. Miramos el mundo, nuestra comunidad o incluso nuestro propio corazón, y nos preguntamos por qué conviven la luz y la sombra. También los siervos del Evangelio quisieron arrancar enseguida la cizaña. Pero el dueño del campo respondió: «Dejad que crezcan juntos hasta la siega»
No es indiferencia ante el mal, sino la paciencia de Dios, que conoce el corazón humano. Allí donde nosotros vemos fragilidad o fracaso, Él sigue haciendo crecer el bien. ¡Qué grande es la paciencia del Señor!
Quizá ese campo del que habla Jesús sea también nuestra propia vida. En ella conviven el trigo y la cizaña. Y, sin embargo, Dios no deja de trabajar en silencio, esperando con amor el tiempo de la cosecha.
Las parábolas del grano de mostaza y de la levadura nos recuerdan que el Reino crece en lo pequeño, en la fidelidad de cada día, en los gestos sencillos que nacen del amor. ¡No dejemos de sembrar el bien!
Hoy el Evangelio no nos invita a comprenderlo todo, sino a confiar. Que el Señor nos conceda un corazón paciente para esperar sus tiempos y una mirada esperanzada para descubrir que ninguna semilla de amor se pierde en sus manos.
