Festividad de Santa Escolástica

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Encuentro de santa Escolástica con su hermano san Benito (De los Diálogos de san Gregorio)

“Su hermana por nombre Escolástica, consagrada al Dios Omnipotente desde su más tierna infancia, solía visitarle una vez al año. El varón de Dios descendía a su vez para verla a una posesión del monasterio, no lejos de la puerta del mismo. Un día vino ella como de costumbre y su venerable hermanos descendió a verla acompañado de algunos discípulos. Invirtieron todo el día en alabanzas del Señor y en santos coloquios; y al echarse encima las tinieblas de la noche, tomaron juntos la refección. Estando aún sentados a la mesa, como se prolongara más y más la hora entre santas conversaciones, su religiosa hermana le rogó diciendo: “Te suplico que no me dejes esta noche, para que podamos hablar hasta mañana de los goces de la vida celestial”. Más él respondió: “¿Qué estás diciendo?, hermana: en modo alguno puedo permanecer fuera del monasterio”.

Estaba entonces el cielo tan despejado que ni una nube aparecía en el firmamento. La santa religiosa, al oír la negativa de su hermano, entrelazando sobre la mesa los dedos de sus manos, apoyó en ellas su cabeza para orar al Dios Todopoderosos. Cuando la levantó, era tanta la violencia de relámpagos y truenos, y tal la inundación que se produjo a causa de la lluvia, que ni el venerable Benito ni los hermanos que con él estaban, podían siquiera trasponer el umbral de la estancia en donde se habían sentado.

Efectivamente, al apoyar la devota mujer la cabeza sobre sus manos, había derramado sobre la mesa ríos de lágrimas, que trocaron en lluvia la serenidad del cielo. Y no tardó en seguir a la oración la inundación aquella, sino que de tal modo coincidieron la plegaria y la tempestad, que cuando levantó ella la cabeza de la mesa, se oyó el estallido del trueno; y lo mismo fue levantarla, que caer la lluvia al momento.

Viendo entonces el varón de Dios que en medio de tantos relámpagos y truenos y de aquella lluvia torrencial, no le era posible regresar al monasterio, contristado, empezó a quejarse, diciendo: “Que Dios omnipotente te perdone, hermana, ¿qué es lo que has hecho?” Y ella respondió: “Mira, te rogué a ti, y no quisiste escucharme; he rogado a mi Señor y me ha oído. Ahora, pues, sal si puedes, déjame y torna al monasterio”. Mas él no pudiendo desde luego salir de la casa, por no haber querido quedarse de buena gana tuvo que permanecer allí mal de su grado. Y así fue como pasaron toda la noche velando, saciándose ambos en mutua conversación y santos coloquios sobre la vida espiritual.

Me gusta mucho esta historia. Está planteada como un duelo entre dos formas de afrontar la vida y las relaciones humanas y con Dios. Benito representa la inflexibilidad, la fidelidad a ultranza a la letra de la ley. Escolástica, sin embargo, escucha sus propios deseos, los acepta y los expresa

La regla monástica les obligaba a volver al monasterio tanto a ella como a él, pero ella se atreve a desafiar la norma. No importa mucho si su deseo de permanecer con Benito en santos coloquios era fruto de su gusto por la conversación espiritual o quería disfrutar de la compañía de su hermano. Cuando Benito se negó a su petición, Escolástica oró a Dios. ¿Qué le rogó? Seguramente no le dio tiempo a emitir ni una sola palabra, ni siquiera mentalmente, pues cuenta san Gregorio que la oración de Escolástica y la tormenta fueron simultáneas.

Me gusta pensar que lo único que hizo la mujer fue poner ante Dios su deseo y que la tormenta desencadenada al instante fue la ratificación de Dios del mismo. Escolástica venció en el duelo. El amor pudo más que la ley.

Es verdad que la historia es eso, una historia. Puede que sea completamente ficticia, que no se haya inspirado ni en un pequeño fragmento de realidad. Es verdad que, en la “vida real”, no siempre puede más quien más ama –a menudo parece que sucede justo al revés– y que las oraciones parecen estrellarse contra una pared de silencio, también impotentes. Pero las historias, aunque sean ficticias, tienen que ver con la realidad.

A mí, esta historia me habla de libertad y de confianza. Me habla de la ausencia de miedo de una mujer ante sus sentimientos, ante Dios y ante la reacción de los demás. La libertad y la confianza de Escolástica fueron, al mismo tiempo, la causa de su oración y su fruto.

Creo en el poder de la oración. Y también en el poder del amor. Quizá ni una ni otro consigan transformar la realidad en el momento y del modo en que pensamos y deseamos, tal como le pasó a Escolástica, pero estoy segura de que, tarde o temprano, lo logran. Como mínimo, logran transformarnos a quienes lo intentamos, haciéndonos más libres, alejando y neutralizando nuestro miedo y aumentando la confianza en nosotras mismas, en los demás y en Dios. No es poco.


BENITO Y ESCOLÁSTICA: UNA PARÁBOLA DE RELACIÓN

1º Mujer que no tiene miedo al varón (abad, obispo, sacerdote, capellán)
a) Dialoga con el varón
b) Le enseña y aprende de él
c) Le corrige y se deja corregir. Practica con él la corrección fraterna.

2º Mujer que no desprecia al varón.

3º Mujer que no se considera inferior ni superior al varón
a) Que descubre, asume y enriquece la complementariedad existente entre ambos
b) Que no tiene envidia al varón
c) Que no se refugia en el varón

4º Mujer que goza de autonomía, Que tiene proyectos personales concretos en su vida (espirituales, intelectuales, artísticos, sociales, culturales. Los expone, valora, defiende, revisa y pone en funcionamiento. Los comparte y lleva a cabo en contexto de comunidad.

5º Mujer que piensa, reformula y planifica su vida de comunidad fundamental y esencialmente desde las necesidades afectivas, emotivas, lúdicas, laborales, espirituales, intelectuales… que se desprende de “su ser mujer”

6º Mujer que reconoce en lo concreto sus dones, talentos y capacidades personales, los valora justamente y pone los medios para desarrollarlos en vistas al bien común.

7º Mujer que construye comunidad porque participa activamente en el tejido de la comunidad, y no se excluye o se margina a sí misma ni consiente que la marginen.
a) Que asume roles, tareas y compromisos
b) Que asume un protagonismo responsable
c) Que no se “parasita” o vive a “expensas de otras”