Santa Escolástica 2026
Me gusta mucho esta historia. Está planteada como un duelo entre dos formas de afrontar la vida y las relaciones humanas y con Dios. Benito representa la inflexibilidad, la fidelidad a ultranza a la letra de la ley.
Escolástica, sin embargo, escucha sus propios deseos, los acepta y los expresa. La regla monástica les obligaba a volver al monasterio tanto a ella como a él, pero ella se atreve a desafiar la norma. No importa mucho si su deseo de permanecer con Benito en santos coloquios era fruto de su gusto por la conversación espiritual o quería disfrutar de la compañía de su hermano. Cuando Benito se negó a su petición, Escolástica oró a Dios. ¿Qué le rogó? Seguramente no le dio tiempo a emitir ni una sola palabra, ni siquiera mentalmente, pues cuenta san Gregorio que la oración de Escolástica y la tormenta fueron simultáneas.
Me gusta pensar que lo único que hizo la mujer fue poner ante Dios su deseo y que la tormenta desencadenada al instante fue la ratificación divina del mismo. Escolástica venció en el duelo. El amor pudo más que la ley.
Es verdad que la historia es eso, una historia. Puede que sea completamente ficticia, que no se haya inspirado ni en un pequeño fragmento de realidad. Es verdad que, en la “vida real”, no siempre puede más quien más ama –a menudo parece que sucede justo al revés– y que las oraciones parecen estrellarse contra una pared de silencio, también impotentes. Pero las historias, aunque sean ficticias, tienen que ver con la realidad. A mí, esta historia me habla de libertad y de confianza. Me habla de la ausencia de miedo de una mujer ante sus sentimientos, ante Dios y ante la reacción de los demás. La libertad y la confianza de Escolástica fueron, al mismo tiempo, la causa de su oración y su fruto.
Creo en el poder de la oración. Y también en el poder del amor. Quizá ni una ni otro consigan transformar la realidad en el momento y del modo en que pensamos y deseamos, tal como le pasó a Escolástica, pero estoy segura de que, tarde o temprano, lo logran. Como mínimo, logran transformarnos a quienes lo intentamos, haciéndonos más libres, alejando y neutralizando nuestro miedo y aumentando la confianza en nosotras mismas, en los demás y en Dios. No es poco.