Dedicación de la Iglesia
Hoy, 25 de septiembre, en la Solemnidad de la Dedicación de nuestra Iglesia, elevamos nuestra sincera y profunda acción de gracias a Dios por el regalo de tantas hermanas nuestras que a lo largo de siglos y bajo la protección constante del Cristo de los ojos abiertos, han hecho de este templo el corazón de su vida. Su fidelidad callada, el canto del Oficio Divino a lo largo de las horas y sus vidas entregadas en el silencio del claustro han hecho posible impregnar cada piedra de esta iglesia de presencia divina.
Al celebrar en este día los cimientos de este templo visible, recordamos que ellas oraron por generaciones que no llegaron a conocer, intercedieron por el mundo y mantuvieron encendida la lámpara de la fidelidad.
Que el Señor les conceda contemplar su rostro en la liturgia eterna del cielo adornadas con la corona de gloria que no se marchita.
Y a nosotras, que nos permites contemplar este hermoso testimonio, y que todavía peregrinamos por este mundo, te pedimos con humildad, nos concedas la gracia de mantener viva la llama de la fe y de ser, en medio de nuestra pequeñez, fieles custodias de su legado. Fortalece nuestra fraternidad, bendice nuestra perseverancia y haz que, unidas fuertemente a Cristo, nuestra roca firme, sigamos siendo luz, paz y consuelo para el mundo.