ordinario junio

 

Epifanía del Señor 2019 - C

reyes magosHoy celebramos la fiesta de la Epifanía, de la manifestación del Señor.

Dios, nos ha hecho el regalo gratuito más generoso, nos ha enviado a su hijo, hoy nos dice que la salvación que nos trae este niño recién nacido, es para toda la humanidad, para todos los seres humanos. Nos dice cómo encontrarlo.

Jesús, el hijo de María, no tiene pueblos escogidos, somos todos iguales para Él: es el mensaje de esta fiesta. Él se quiere manifestar como hermano, como salvador a toda la humanidad simbolizada en estos tres personajes que vienen de muy lejos en su búsqueda y le traen regalos.

El relato nos trasmite dos verdades fundamentales: la firme voluntad de Dios de manifestarse a todos los hombres y mujeres, y la marcha que hay que emprender en la búsqueda de Dios.

La manifestación de Dios se realiza siempre en la convergencia de dos voluntades, la de Dios que llama y la del hombre que le busca en largo camino, que culmina en un encuentro cargado de amor, de ternura. En el relato de Mateo estos tres hombres encuentran al niño, lo adoran, le ofrecen regalos, lo mejor que ellos tienen y reciben el mayor de los regalos, descubrir en este niño al Hijo de Dios. Es la escena que María guarda en su corazón.

Dios nos llama siempre a través de una señal, en este relato es una estrella en el firmamento, en la noche, algo que pueden ver todos, pero cuyo significado solo descubren los que buscan sinceramente a Dios en los acontecimientos de este mundo, que se han venido en llamar “los signos de los tiempos”.

Todos estamos llamados, pero para encontrar a Dios es necesario estar presentes en la vida con los ojos y con el corazón abiertos a cada acontecimiento, por pequeño que sea, dispuestos al servicio de los demás.

Estos hombres, seguros de que Dios les llama, salen en su búsqueda. Han dejado todo, tierra, casas, lo único importante es alcanzar a Dios, y recorren un largo camino; todo va quedando atrás. Dios los guía, los conduce hacia él, ellos siguen la señal de Dios. A veces se oculta, es en Jerusalén. Jerusalén es la vida de la gran ciudad, con gente buena que actúa correctamente y con corruptos y poderosos que quieren quitar en medio a quien piensan que viene a arrebatarles el poder.

Aparece de nuevo la señal de Dios, guiados por la estrella, se encuentran con este niño, es un niño como todos, sonríe y llora, un hijo de padres desplazados nacido en tierra extraña, viven en la mayor sencillez y pobreza. Estos hombres no dudan, este niño es el Dios salvador, y se postran y le adoran y le ofrecen regalos.

Adorar es quedarnos en silencio agradecido y gozoso ante Dios, admirando su misteriosa bondad desde nuestra pequeñez. Para adorar a Dios es necesario detenernos ante el misterio del mundo, de cuantos vivimos en él y saber mirarlo con amor. Quien mira la vida amorosamente hasta el fondo, comenzará a vislumbrar las huellas de Dios. Y descubrirá la presencia de Dios.

Quien adora a Dios lucha contra todo lo que destruye al ser humano, que es su “imagen sagrada”. Adoraron a Dios en el hijo de María. Le ofrecieron regalos. El texto alude a regalos valiosos. Lo valioso es entregar lo mejor que uno tiene, así lo hace Dios al darnos a su Hijo. Y ellos reciben el mayor regalo, el encuentro con Dios.

A estos hombres, el encuentro con Dios les ha exigido una búsqueda, una marcha larga, dejarlo todo y salir. La búsqueda de Dios se realiza durante toda la vida, es tarea que no acaba nunca, siempre estaremos en camino, buscando la estrella que nos guíe hasta donde Dios está. Jesús nos dijo dónde le gusta morar. Habrá momentos en que la estrella, la señal de Dios desaparece, se oculta. Otros, en que brilla con todo su esplendor.

Dios quiere manifestarse a todos, quiere manifestarse a nosotras, y hoy una vez más nos llama, quiere que le busquemos y que con generosidad acudamos donde sabemos que Él está. En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia él, busquémosla. Y seamos también señal para otros que lo buscan.

Madres Benedictinas – Palacios de Benaver (Burgos)