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Sagrada Familia - A 2025

Sagrada Familia A 2025Mateo 2, 13-15.19-23

Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, y el Evangelio que acabamos de escuchar nos presenta una escena que, lejos de ser idílica, está marcada por la dificultad, el peligro y la huida. José toma al Niño y a María en plena noche y parte hacia Egipto para salvar la vida de Jesús. Desde el comienzo, la familia de Nazaret conoce el sufrimiento, la incertidumbre y el desarraigo.

Esto es muy importante, porque nos recuerda que la Sagrada Familia no fue una familia perfecta en el sentido de una vida cómoda o sin problemas, sino una familia profundamente humana, que vivió pruebas reales, como tantas familias hoy: migración forzada, miedo por los hijos, decisiones difíciles, futuro incierto.

San José aparece como una figura central. No pronuncia una sola palabra en el Evangelio, pero escucha a Dios y actúa. Confía, obedece y protege. José nos enseña que amar a la familia no es solo sentir, sino responder con responsabilidad, valentía y fe, incluso cuando no se entiende todo.

María, por su parte, acompaña, confía y permanece. Ella guarda en el corazón lo que no puede explicar. Su presencia silenciosa nos habla de tantas madres y padres que sostienen a sus familias con amor fiel, aun en medio del dolor.

Y Jesús, el Hijo de Dios, quiso crecer en una familia, sometido a sus padres, compartiendo su vida. Dios no salvó al mundo desde un palacio, sino desde un hogar sencillo. Con esto nos dice que la familia es un lugar sagrado, donde Dios sigue encarnándose hoy.

Esta fiesta es también una invitación a mirar nuestras propias familias. Tal vez no son perfectas. Tal vez hay heridas, conflictos, ausencias o cansancio. Pero el Evangelio nos recuerda que Dios camina con las familias reales, no solo con las ideales. Cuando dejamos que Dios esté presente, incluso las situaciones más difíciles pueden transformarse en camino de salvación.

Pidamos hoy por nuestras familias: para que aprendan a escuchar a Dios como José, a confiar como María, y a crecer en amor como Jesús.
Que la Sagrada Familia de Nazaret sea para nosotros modelo, consuelo y esperanza, y que en cada hogar se viva el amor, la fe y la protección de Dios.