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Epifanía del Señor - A 2026

Epifana del Seor 2026 AMateo 2, 1-12

La Epifanía del Señor nos sitúa ante un misterio de luz que se abre camino en medio de la noche. Hombres venidos de lejos, guiados por una estrella y un deseo profundo de verdad, llegan hasta un niño pobre, envuelto en la sencillez de una casa. Nada es espectacular y, sin embargo, todo es decisivo. Dios se deja encontrar no en el ruido ni en el poder, sino en la pequeñez que solo un corazón atento sabe reconocer.

Los Magos representan a la humanidad en búsqueda. No pertenecen al pueblo elegido ni conocen la Ley como los sabios de Jerusalén, pero tienen un corazón inquieto y una mirada abierta. La estrella que siguen no elimina el camino ni lo hace fácil; los conduce, pero también los desorienta y los invita a atravesar la incertidumbre. Así es nuestra fe: una luz suficiente para avanzar, pero que nos pide confianza.

Herodes y Jerusalén se turban. El nacimiento del Rey provoca miedo, no alegría. El poder se siente amenazado cuando Dios irrumpe, porque no viene a reforzar seguridades humanas, sino a transformarlas. Los expertos conocen las Escrituras, saben dónde debe nacer el Mesías, pero no se mueven. El saber sin búsqueda, la fe sin camino, se vuelve estéril.

Al llegar a Belén, los Magos encuentran al niño con María. No hay explicaciones ni palabras registradas, solo una presencia que basta. Entonces sucede lo esencial: se postran, adoran y ofrecen sus dones. Oro, incienso y mirra expresan una vida que reconoce su pequeñez ante Dios y, al mismo tiempo, se entrega. Adorar es dejar de colocarnos en el centro y permitir que Dios sea Dios en nuestra historia.

La Epifanía recuerda que Cristo se manifiesta para todos, sin fronteras ni exclusiones. Su luz no se impone: espera ser acogida. Dios sigue saliendo al encuentro a través de signos humildes: estrellas, personas sencillas, acontecimientos cotidianos. La pregunta es si estamos dispuestos a ponernos en camino, a dejarnos incomodar, a cambiar de ruta cuando el encuentro con Él nos transforma.

Los Magos regresan por otro camino. Nadie que haya encontrado a Cristo vuelve igual. La Epifanía no solo revela quién es Jesús, sino también quiénes estamos llamados a ser: hombres y mujeres que buscan, adoran y, iluminados por su luz, regresan al mundo con un corazón nuevo.