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Bautismo del Señor - A 2026

Bautismo del Seor A 2026Mateo 3, 13-17
Hoy celebramos el Bautismo del Señor, una fiesta que pone fin al tiempo de Navidad y nos introduce en la vida pública de Jesús. El evangelio de san Mateo nos presenta a Jesús que se acerca al Jordán para ser bautizado por Juan, no porque lo necesite, sino porque quiere ponerse en el lugar de todos los hombres y mujeres que buscan a Dios con un corazón sincero. Jesús no se sitúa por encima, sino en medio de su pueblo; no se distancia de nuestra fragilidad, sino que la asume.

Juan Bautista se sorprende y se resiste: reconoce que Jesús es más grande que él y no comprende cómo puede recibir un bautismo destinado a los pecadores. Pero Jesús le responde con una expresión clave:

“Conviene que cumplamos así toda justicia”. Cumplir la justicia, para Jesús, es cumplir plenamente la voluntad del Padre, una voluntad de amor que pasa por la cercanía, la solidaridad y la entrega. Desde el comienzo de su misión, Jesús muestra que su camino será el del servicio humilde y no el del poder.

Cuando Jesús sale del agua, se abren los cielos, el Espíritu desciende sobre él como una paloma y se escucha la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. En este momento se revela el misterio más profundo de Jesús y, al mismo tiempo, el corazón de nuestra fe. Dios se manifiesta como Padre, Hijo y Espíritu Santo, un Dios que es comunión y amor. Antes de cualquier obra o palabra, Jesús es proclamado Hijo amado, sostenido por el amor del Padre.

Este evangelio ilumina también nuestro propio bautismo. En él hemos sido sumergidos en la vida de Cristo y hemos recibido el mismo Espíritu. También a nosotros Dios nos dice: “Tú eres mi hijo, tú eres mi hija amada”. Nuestra identidad cristiana no se apoya primero en lo que hacemos, sino en lo que somos para Dios. Desde esa certeza estamos llamados a vivir y a dar testimonio.

El Bautismo del Señor nos invita a renovar nuestro compromiso cristiano. Como Jesús, estamos llamados a no vivir separados de los demás, sino a caminar con ellos, especialmente con los más frágiles. Que esta fiesta nos ayude a redescubrir la gracia de nuestro bautismo y a vivir cada día como hijos amados, guiados por el Espíritu y confiados en el amor del Padre.