tiempo ordinario A 2026

 

 

Domingo 2 - A 2026

Domingo 2 A 2026Juan 1, 29-34

El Evangelio de hoy nos presenta una de las expresiones más profundas de nuestra fe: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. No la dice Jesús, sino Juan el Bautista, que ha comprendido bien su misión: no ser el centro, sino señalar a Otro. Al ver a Jesús, reconoce en Él al Mesías, pero no lo llama rey ni libertador, sino Cordero, revelando así que su misión será la de la entrega y no la del poder.

La imagen del cordero remite a toda la historia de Israel: al cordero pascual, a los sacrificios del templo y al siervo sufriente anunciado por Isaías. Llamar a Jesús “Cordero de Dios” es reconocer que viene a salvar no imponiéndose, sino entregándose; no eliminando enemigos, sino cargando con el pecado del mundo por amor.

Juan afirma con humildad: “Yo no lo conocía”. Solo cuando ve al Espíritu descender sobre Jesús descubre su verdadera identidad. Esto también nos sucede a nosotros: podemos conocer a Jesús de manera superficial, pero solo el Espíritu nos permite reconocerlo de verdad y hacer una experiencia viva de Él.

La fe auténtica conduce siempre al testimonio. Juan no se guarda lo que ha visto, sino que da testimonio sin buscar protagonismo, alegrándose de que otros vayan hacia Jesús. Así nos enseña que estamos llamados a ser testigos humildes, no dueños de la fe.

Jesús quita el pecado del mundo, no para condenar, sino para sanar y liberar. En este tiempo ordinario, Él sigue pasando por nuestra vida cotidiana, a veces sin ser reconocido. Que al escuchar en la Eucaristía “Este es el Cordero de Dios”, renovemos nuestra fe y, como Juan el Bautista, aprendamos a señalar a Cristo con una vida sencilla y coherente, dejándonos salvar por su amor.