Domingo 19 - A 2026
El Evangelio de hoy nos presenta una escena muy conocida: los discípulos están en medio del lago, la barca es sacudida por las olas y el viento es contrario. En medio de esa noche aparece Jesús caminando sobre las aguas. Ellos tienen miedo, pero Jesús les dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo».
También nuestra vida tiene momentos en los que parece que estamos en una barca pequeña, zarandeados por las dificultades, sin saber muy bien hacia dónde avanzar. Y es precisamente ahí donde Jesús viene a nuestro encuentro. No siempre calma inmediatamente la tormenta, pero se hace presente en medio de ella y nos recuerda: «No tengáis miedo, estoy con vosotros».
Pedro se atreve entonces a salir de la barca y caminar hacia Jesús. Mientras mantiene la mirada en Él, puede avanzar; pero cuando mira el viento y las olas, comienza a hundirse. Quizá aquí está una de las claves del Evangelio: no podemos evitar siempre las tormentas, pero sí podemos decidir hacia dónde mirar en medio de ellas.
Cuando nuestros ojos se fijan solamente en los problemas, en nuestras limitaciones o en aquello que nos preocupa, fácilmente aparece el miedo. Cuando volvemos la mirada hacia Cristo, recuperamos la confianza.
Y Pedro, cuando empieza a hundirse, hace una oración muy sencilla: «Señor, sálvame». Es quizá una de las oraciones más verdaderas que podemos hacer también nosotros. No necesitamos tenerlo todo resuelto; basta con reconocer nuestra necesidad y tender la mano hacia Él.
Pidamos hoy al Señor una fe como la de Pedro: una fe que se atreva a salir de la seguridad de la barca, que no se deje vencer por el miedo y que, aun en medio de las dificultades, siga buscando a Cristo.
Porque la tormenta puede ser grande, pero más grande es la mano del Señor que viene a nuestro encuentro.
