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Domingo 20 - A 2026

Doomingo 20 a 2026Mateo 15, 21-28

Hay algo profundamente hermoso y sorprendente en este Evangelio: una mujer extranjera y pagana se acerca a Jesús con una súplica llena de fe: «Señor, socórreme». Y Jesús, al principio, permanece en silencio. Después parece poner resistencia y recuerda que su misión está dirigida a las «ovejas descarriadas de Israel».

Pero aquella mujer no se marcha. No se desanima ante el silencio ni ante las palabras de Jesús. Sigue confiando. Su fe perseverante parece abrir un camino nuevo en el corazón de Jesús. Él se deja interpelar, se deja sorprender y termina reconociendo: «Mujer, qué grande es tu fe».

Es hermoso contemplar a Jesús dejándose tocar por esta mujer.

Una mujer, extranjera y pagana, le ayuda a ensanchar el horizonte de su misión y a manifestar que la compasión de Dios no conoce fronteras. La salvación no es patrimonio de unos pocos: el amor del Padre alcanza a todos.

Y aquí hay también una llamada para nosotros. A veces creemos saber dónde está Dios y quién puede mostrarnos su rostro. Pero el Evangelio nos recuerda que Dios puede revelarnos su rostro precisamente a través de quien menos esperamos.

La cananea nos enseña una fe humilde y perseverante; Jesús nos enseña, también, la humildad de quien sabe dejarse sorprender y transformar por el encuentro. Quizá hoy podamos pedir ambas cosas: una fe que no se rinda ante el silencio y un corazón abierto para dejarnos enseñar por aquellos que Dios pone en nuestro camino.

Porque Dios puede servirse de quien menos esperamos para ensanchar nuestro corazón.