Domingo 24 - A 2026
El Evangelio de hoy nos habla de una de las cosas más difíciles de nuestra vida cristiana: perdonar. Pedro pregunta a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?». Y Jesús responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».
Jesús nos enseña que el perdón no puede tener un límite. No se trata de contar cuántas veces perdonamos, sino de aprender a tener un corazón misericordioso como el de Dios.
La parábola nos recuerda que nosotros mismos hemos recibido de Dios un perdón inmenso. Dios conoce nuestras debilidades y nuestros errores, pero continúa amándonos y ofreciéndonos su misericordia. Por eso, si Dios nos perdona tanto, también nosotros estamos llamados a perdonar a quienes nos han ofendido.
A veces pedimos a Dios que tenga paciencia con nosotros, pero somos muy exigentes con los demás. Recordamos fácilmente lo que otros nos han hecho y nos cuesta dejar atrás nuestras heridas.
Perdonar no significa decir que el mal estuvo bien ni que el dolor desaparezca inmediatamente. Significa no dejar que el rencor y el deseo de venganza se apoderen de nuestro corazón.
Hoy podemos preguntarnos: ¿hay alguien a quien todavía me cuesta perdonar? Pidamos al Señor la gracia de dar ese paso, aunque sea poco a poco.
Y recordemos también que todos necesitamos ser perdonados. Que tengamos la humildad para pedir perdón, la generosidad para perdonar y un corazón agradecido por la misericordia que cada día recibimos de Dios.
