Domingo 26 - A 2026
Mateo 21, 28-32
A todos nos resulta familiar lo que nos relata hoy la parábola: esa contradicción interna que nos lleva, a veces, a reaccionar con un «no» para luego recapacitar, o a dar un «sí» apresurado que después se queda en nada.
Con frecuencia, ante lo que Dios o los demás nos piden, nuestra primera reacción es la resistencia. Surge en nosotros un «no» instintivo, fruto del cansancio, de nuestras defensas o del deseo de no complicarnos la vida. Sin embargo, cuando dejamos pasar ese primer impulso y permitimos que la gracia actúe, lo pensamos mejor, nos arrepentimos de esa cerrazón inicial y terminamos acudiendo a la viña. Ese «sí» madurado tras la batalla interior tiene un valor inmenso para Dios.
También nos ocurre lo contrario: es muy fácil dar un «sí» rápido, educado o por quedar bien. El problema de ese «sí» es que se queda en el aire, en una buena intención que luego nunca llevamos a la práctica.
Jesús no nos pide que nuestras primeras reacciones sean siempre impecables. Dios conoce nuestra fragilidad y no se asusta de nuestras resistencias iniciales. Lo que el Señor valora en esta parábola no es la perfección del primer impulso, sino la libertad para arrepentirse y la valentía de corregir el rumbo.
Que el Señor nos regale un corazón humilde para saber rectificar a tiempo, y la fuerza necesaria para que nuestra fe no se quede en palabras, sino en obras concretas de amor.