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Domingo 27 - A 2026

domingo 27 a 2026Mateo 21, 33-43

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola de la viña. Un hombre planta una viña, la cuida con esmero y después la confía a unos labradores. Todo lo ha preparado para que dé fruto. Sin embargo, cuando llega el momento de recogerlo, aquellos hombres se olvidan de que la viña no es suya.

Esta parábola nos habla también de nosotros. La viña que Dios nos ha confiado es nuestra propia vida. Dios nos ha dado mucho: una familia, personas que nos quieren, capacidades, oportunidades, nuestra fe, nuestro tiempo… Y todo eso está llamado a dar fruto.

Pero quizá alguna vez también nosotros nos comportamos como aquellos labradores y pensamos que todo nos pertenece. Nos olvidamos de agradecer y de compartir. Queremos vivir nuestra vida a nuestra manera y dejamos a Dios fuera.

Y, sin embargo, Dios sigue llamando. No se cansa de nosotros. Envía profetas, personas, acontecimientos y, finalmente, nos entrega a su propio Hijo. Dios siempre busca una respuesta de amor, no porque necesite algo de nosotros, sino porque quiere que nuestra vida tenga sentido y dé fruto.

Por eso, hoy podemos preguntarnos con sencillez: ¿qué frutos está dando mi vida? Quizá no podamos hacer grandes cosas, pero todos podemos dar pequeños frutos: una palabra de ánimo, un perdón, una visita, una ayuda, un poco de paciencia, escuchar a quien está solo…

Eso es lo que Dios espera de su viña: no grandes cosas, sino frutos de amor.

Pidamos al Señor que no desperdiciemos los dones que nos ha regalado y que sepamos cuidar la viña que ha puesto en nuestras manos. Que al final de nuestra vida pueda encontrar en nosotros buenos frutos y un corazón agradecido.