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Jesucristo, Rey del Universo - C 2025

Jesucristo Rey del Universo c 2025Lucas 23,35-43

Hoy celebramos a Cristo Rey contemplándolo en un lugar que desconcierta: la cruz. No lo vemos revestido de poder humano ni rodeado de honores, sino clavado en el madero, humillado y aparentemente derrotado. Sin embargo, es justamente ahí donde se revela la verdad de su reinado. Jesús no reina imponiéndose, sino entregándose; no salva bajando de la cruz, sino permaneciendo en ella por amor. Su corona de espinas y su trono de madera nos muestran que el Reino de Dios no se sostiene en la fuerza, sino en la misericordia.

A su alrededor todos repiten el mismo desafío: “Sálvate a ti mismo”. Creen que el Mesías debería probar su grandeza escapando del sufrimiento.

Pero Jesús no se salva a sí mismo porque su misión es salvarnos a nosotros. En lugar de devolver insultos, ofrece perdón; en vez de responder al odio con fuerza, responde con amor fiel hasta el final. Así revela un poder que no destruye al enemigo, sino que lo abraza y lo transforma.

En medio de las burlas surge la voz del llamado buen ladrón, que reconoce en el Crucificado lo que otros no ven: un Rey. No pide milagros espectaculares ni liberarse del sufrimiento; solo dice con humildad: “Acuérdate de mí”. Y Jesús, sin condiciones, le responde: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Ese “hoy” nos muestra que el cielo no es una meta reservada para los perfectos, sino un regalo ofrecido a quien se abre a la misericordia. El primer hombre que entra en el Reino es un pecador arrepentido, y eso nos llena de esperanza: nadie está demasiado lejos para ser alcanzado por el amor de Dios.

Hoy proclamamos a Cristo Rey, pero también elegimos qué reino queremos seguir: el del poder que exige pruebas o el del amor que se entrega. Que mirando al Crucificado aprendamos a reconocer la fuerza de Dios en la fragilidad, y que nuestra oración sea como la del buen ladrón: humilde, confiada, sencilla. Y así, cuando llegue nuestro propio encuentro con Cristo, podamos escuchar la misma promesa de vida: “Estarás conmigo”.