Domingo de Ramos - A 2026

domingo de ramos A 2026Mateo 21, 1-11

El Evangelio del Domingo de Ramos en el ciclo A nos muestra a Jesús entrando en Jerusalén entre aclamaciones, pero de una forma sencilla y humilde. No es un rey que se impone, sino que se ofrece. Y, sin embargo, esa misma multitud que hoy lo aclama pronto pedirá su crucifixión. Este contraste no es solo una escena del pasado, sino un reflejo de nuestro propio corazón, capaz de entusiasmo y, al mismo tiempo, de incoherencia.

Jesús entra así para mostrarnos el rostro de Dios: un Dios que no actúa con fuerza ni con espectáculo, sino con humildad y cercanía. No viene a dominar, sino a amar y a entregarse. En ese gesto ya se anticipa la cruz, donde ese amor se manifestará plenamente.

La Pasión que leemos en este día pone delante de nosotros la fragilidad humana —la traición, el miedo, la negación—, pero también la firmeza de Jesús, que permanece fiel y confiado hasta el final. Él no responde con violencia, sino con un amor que resiste todo.

Así, el Domingo de Ramos no es solo el inicio de la Semana Santa, sino una llamada a decidir cómo queremos acompañar a Jesús: si desde un entusiasmo pasajero o desde una fe que permanece también en la cruz. Porque es ahí donde el amor se vuelve verdadero y profundo.

Domingo 5 Cuaresma - A 2026

domingo 5 cuaresma 2026Juan 11, 1-45

En este domingo quinto de Cuaresma, la liturgia nos presenta el Evangelio de San Juan, capítulo 11, donde contemplamos la muerte de Lázaro, una realidad que parece definitiva, sin salida. También nosotros vivimos momentos en los que algo muere en nuestro interior: la esperanza, la paz o incluso la fe. En medio de ese dolor se hace presente Jesús, que no permanece distante, sino que se conmueve y llora con nosotros, revelándonos que Dios comparte nuestro sufrimiento.

Pero Jesús no se detiene en el llanto. Se acerca a la tumba y pronuncia una palabra llena de autoridad: “¡Lázaro, sal fuera!”. Y el que estaba muerto sale.

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Domingo 4 Cuaresma - A 2026

domingo 4 cuaresma 2026Juan 9, 1-41

El Evangelio del ciego de nacimiento es una historia de encuentro, iluminación y fe. Cuando Jesús ve al ciego, toma la iniciativa: se acerca a él, lo toca y lo envía a lavarse. Es un gesto que nos recuerda que Dios siempre da el primer paso en nuestra vida.

El hombre obedece sin entender del todo. Va, se lava y comienza a ver. Así ocurre también en la vida espiritual: muchas veces Dios nos pide confiar antes de comprender plenamente. La fe empieza con un pequeño acto de confianza.

Después de la curación, el hombre atraviesa interrogatorios, dudas y rechazo. Pero precisamente en medio de esas pruebas su fe se fortalece. Al final, cuando se encuentra nuevamente con Jesús, lo reconoce como el Hijo del Hombre y cree en Él.

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Domingo 3 Cuaresma - A 2026

domingo 3 cuaresma 2026Juan 4, 5-42

El evangelio de este domingo presenta el encuentro de Jesucristo con la mujer samaritana junto al pozo. Es un relato muy humano: Jesús se acerca a una persona concreta en medio de su vida cotidiana y comienza con ella un diálogo que abre el corazón a una verdad más profunda.
Cansado del camino, Jesús se sienta junto al pozo y pide de beber. Este gesto sencillo muestra la cercanía de Dios y rompe las barreras que separaban a judíos y samaritanos, revelando que el amor de Dios no excluye a nadie.

La conversación comienza hablando del agua, pero pronto Jesús conduce el diálogo hacia la sed del corazón humano. Todos buscamos amor, sentido y felicidad verdadera. Muchas veces intentamos saciar esa sed con cosas pasajeras, pero el corazón sigue buscando más. Por eso Jesús habla del “agua viva”, signo de la vida nueva que Dios quiere dar.

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Domingo 2 Cuaresma - A 2026

domingo 2 cuaresma 2026Mateo 17, 1-9

El Evangelio del II Domingo de Cuaresma nos regala la escena luminosa de la Transfiguración, en la que Jesucristo deja ver por un instante la gloria que habita en Él. En medio del camino cuaresmal, la Iglesia nos recuerda que la conversión no es un camino hacia la tristeza, sino hacia la luz de la Pascua. Antes de la cruz, el Señor fortalece la fe de sus discípulos —y también la nuestra— mostrándoles quién es realmente.

Jesús sube al monte con Pedro, Santiago y Juan. También nosotros necesitamos subir, es decir, buscar momentos de silencio y oración para encontrarnos con Dios. Solo quien se detiene puede ver con claridad. La Transfiguración nos enseña que, aunque en la vida haya oscuridad y esfuerzo, la última palabra la tiene siempre la gloria de Dios.

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