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Domingo 29 - A 2026

domingo 29 a 2026Mateo 22, 15-21

En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Con estas palabras, nos invita a reflexionar sobre nuestras responsabilidades en el mundo y, sobre todo, sobre el lugar que Dios ocupa en nuestra vida.

Los fariseos quieren poner a prueba a Jesús, pero Él responde con una sabiduría que va más allá de la trampa que le han preparado. Nos enseña que debemos cumplir nuestros deberes como ciudadanos, trabajar honradamente, respetar a los demás y contribuir al bien común. Pero también nos recuerda que no podemos dar al mundo lo que pertenece a Dios: nuestro corazón, nuestra conciencia y nuestra fidelidad.

La moneda llevaba la imagen del César, pero nosotros llevamos impresa la imagen de Dios, porque hemos sido creados a su imagen y semejanza. Por eso, dar a Dios lo que es de Dios significa entregarle nuestra vida, amar como Él nos ama y vivir conforme a su voluntad.
Hermanos, a veces damos mucho tiempo al trabajo, al dinero, a las preocupaciones y a las cosas materiales, pero dejamos a Dios para el último lugar. Hoy Jesús nos pregunta: ¿qué lugar ocupa Dios en tu vida? ¿Se nota tu fe en la manera de tratar a tu familia, de trabajar, de perdonar y de ayudar a los necesitados?

Pidamos al Señor que nos conceda un corazón sincero, capaz de cumplir nuestras responsabilidades y de poner siempre a Dios en el centro de nuestra existencia.

Que nuestra vida entera sea una respuesta de amor a Aquel que nos ha creado y nos ha amado primero.

Domingo 28 - A 2026

domingo 28 a 2026Mateo 22, 1-14

En el Evangelio de hoy, Jesús nos presenta a un rey que invita a todos a un banquete de bodas. Esta imagen nos habla del amor de Dios, que nos llama a vivir en comunión con Él y a participar de la alegría de su Reino.

Sin embargo, algunos invitados rechazan la invitación porque están demasiado ocupados en sus propios asuntos. También nosotros podemos caer en esa actitud: las preocupaciones, el trabajo, las prisas y los problemas de cada día pueden hacer que dejemos a Dios en segundo lugar.

Pero Dios no se cansa de invitarnos. Su llamada es para todos, nadie queda excluido de su amor. Lo importante es abrirle el corazón y responder con generosidad.

El Evangelio también nos habla del vestido de fiesta. No basta con aceptar la invitación exteriormente; es necesario revestirnos de una vida nueva, marcada por la fe, el amor, la misericordia y el compromiso con los demás.

Preguntémonos hoy: ¿estamos respondiendo a la invitación de Dios o siempre encontramos una excusa para dejarlo para después? El Señor nos invita a su mesa, nos ofrece su amor y nos envía a compartir esa alegría con los demás.

Que no seamos cristianos solo de nombre, sino discípulos que viven revestidos de amor y de buenas obras.

Domingo 27 - A 2026

domingo 27 a 2026Mateo 21, 33-43

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola de la viña. Un hombre planta una viña, la cuida con esmero y después la confía a unos labradores. Todo lo ha preparado para que dé fruto. Sin embargo, cuando llega el momento de recogerlo, aquellos hombres se olvidan de que la viña no es suya.

Esta parábola nos habla también de nosotros. La viña que Dios nos ha confiado es nuestra propia vida. Dios nos ha dado mucho: una familia, personas que nos quieren, capacidades, oportunidades, nuestra fe, nuestro tiempo… Y todo eso está llamado a dar fruto.

Pero quizá alguna vez también nosotros nos comportamos como aquellos labradores y pensamos que todo nos pertenece. Nos olvidamos de agradecer y de compartir. Queremos vivir nuestra vida a nuestra manera y dejamos a Dios fuera.

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Domingo 26 - A 2026

Mateo 21, 28-32

A todos nos resulta familiar lo que nos relata hoy la parábola: esa contradicción interna que nos lleva, a veces, a reaccionar con un «no» para luego recapacitar, o a dar un «sí» apresurado que después se queda en nada.

Con frecuencia, ante lo que Dios o los demás nos piden, nuestra primera reacción es la resistencia. Surge en nosotros un «no» instintivo, fruto del cansancio, de nuestras defensas o del deseo de no complicarnos la vida. Sin embargo, cuando dejamos pasar ese primer impulso y permitimos que la gracia actúe, lo pensamos mejor, nos arrepentimos de esa cerrazón inicial y terminamos acudiendo a la viña. Ese «sí» madurado tras la batalla interior tiene un valor inmenso para Dios.

También nos ocurre lo contrario: es muy fácil dar un «sí» rápido, educado o por quedar bien. El problema de ese «sí» es que se queda en el aire, en una buena intención que luego nunca llevamos a la práctica.

Jesús no nos pide que nuestras primeras reacciones sean siempre impecables. Dios conoce nuestra fragilidad y no se asusta de nuestras resistencias iniciales. Lo que el Señor valora en esta parábola no es la perfección del primer impulso, sino la libertad para arrepentirse y la valentía de corregir el rumbo.

Que el Señor nos regale un corazón humilde para saber rectificar a tiempo, y la fuerza necesaria para que nuestra fe no se quede en palabras, sino en obras concretas de amor.

Domingo 25 - A 2026

domingo 25 a 2026Mateo 20 1-16

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola de los trabajadores de la viña. Unos comienzan a trabajar desde primera hora y otros llegan casi al final del día. Sin embargo, al recibir el salario, todos reciben lo mismo. Los primeros se quejan, porque consideran que no es justo.

Pero Jesús nos muestra que Dios no mide como nosotros. Nosotros solemos pensar en méritos, esfuerzos y recompensas; Dios, en cambio, mira sobre todo con amor y generosidad. Su amor no es un premio que nos ganamos, sino un regalo que Él ofrece a todos.

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