Octavo Domingo Ordinario - C
Nuestros pueblos y ciudades ofrecen hoy un clima poco propicio a quien quiera buscar un poco de silencio y paz para encontrarse consigo mismo y con Dios. No Es fácil liberarnos del ruido permanente y del asedio constante de todo tipo de llamadas y mensajes. Por otra parte, las preocupaciones, problemas y prisas de cada día nos llevan de una parte a otra, sin apenas permitirnos ser dueños de nosotros mismos.
Ni siquiera en el propio hogar, invadido por la televisión y escenario de múltiples tensiones, es fácil encontrar el sosiego y recogimiento indispensables para encontrarnos con nosotros mismos o para descansar gozosamente ante Dios.

El domingo pasado escuchábamos las bienaventuranzas de Lucas y hoy seguimos con el llamado discurso de la llanura.
Lucas 6, 17.20-26
Las lecturas de este domingo nos hablan de llamadas, de vocaciones: la de Isaías, Pablo y Pedro. La llamada de Dios en cada uno de ellos va precedida de una teofanía o manifestación de Dios. Dios, antes de confiar al hombre una misión particular, se le revela y da a conocer.