Solo el amor nos cambiará
Mensaje de Navidad
Sobre el mundo se ha acumulado tanta injusticia y sufrimiento que una, sin ser directamente culpable, se siente, a veces avergonzada simplemente de vivir, de poder comer, de tener un techo donde cobijarse, es decir, de llevar una existencia mínimamente normal a la que deberíamos tener acceso todos.
Pero, ¿quién piensa hoy de verdad en los demás? Es inmoral instalarnos en el propio bienestar sin acordarnos de los pobres, de los que sufren cualquier tipo de exclusión, de los más desfavorecidos, de los que han sido castigados por la adversidad. Por desgracia esta actitud es hoy muy general.

Esta Noche celebraremos, con toda la Iglesia y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, el nacimiento de Jesús.
ANTE EL MISTERIO DEL NIÑO
Después de recibir la llamada de Dios, anunciándole que será madre del Mesías, María se pone en camino sola. Empieza para ella una vida nueva, al servicio de su Hijo Jesús. Marcha «deprisa», con decisión. Siente necesidad de compartir con su prima Isabel su alegría y de ponerse cuanto antes a su servicio en los últimos meses de embarazo.
La liturgia de este domingo es una explosión de alegría. “Estad siempre alegres, os lo repito: estad alegres porque el Señor está cerca” nos dice san Pablo. Y el profeta Sofonías nos dice también: “¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón! Porque el Señor perdona nuestra deuda.