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Domingo Cuarto de Pascua - C

buen pastorJuan 10, 27-30

El domingo pasado el evangelio nos hablaba de pescadores. Hoy nos habla de pastores. La Iglesia hoy celebra el día del Buen Pastor. Jesús es el buen pastor, el pastor ideal, el que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas, el que conduce a sus ovejas y es seguido por ellas, el que defiende a sus ovejas, de manera que nadie se las pueda arrebatar, el que llega a dar su vida por las ellas.

En la tradición bíblica la imagen del pastor estaba cargada de simbolismo. Dios decía por boca del profeta Ezequiel: “Buscaré a la oveja perdida y haré volver al redil a la descarriada; me ocuparé de la gorda y de la robusta. Las pastorearé con justicia”

Hoy, a nosotras, todavía esta imagen nos dice mucho, nos evoca la figura del pastor que hemos contemplado tantas veces en nuestros pueblos cuidando el rebaño. Sin embargo, en una sociedad urbana como la de hoy, esta imagen hoy nos les dice mucho. Rechazan que se asemeje a la gente con las ovejas, se identifica fácilmente con el borreguismo y la gente no lo soporta.

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Domingo 3 de Pascua - C

pesca milagrosaJuan 21, 1-19

La liturgia de este domingo nos coloca ante unos textos impresionantes. En la primera lectura se nos muestran los apóstoles, antes cobardes, transformados por la fuerza del Espíritu en personas que no temen al Consejo de los sanedritas y salen, después de ser azotados, contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

El Evangelio de Juan nos presenta la aparición del Nazareno junto al lago de Tiberiades y la triple confesión de amor de Pedro antes de transmitirle, en colegialidad con los demás apóstoles, el primado de su Iglesia. Es curioso observar que el marco es el mismo que en la primera vocación de los Apóstoles: Allí, la pesca milagrosa y la vocación a ser pescadores de hombres; aquí, la misión de predicar a todos los pueblos la buena nueva de Cristo resucitado.

Según el evangelista Juan esta es la tercera aparición de Jesús a los discípulos. Esta vez se aparece junto al lago de Tiberíades, en medio de la vida ordinaria a la que ellos estaban acostumbrados.

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Domingo de Ramos - C

ramosLucas 22, 14–23, 56

El tiempo de la Cuaresma llega a su fin y cede el paso a la celebración de la Semana Santa. Han sido casi 40 días de preparación interior para disponer de la mejor manera nuestros corazones para pasar del “hombre viejo” al “hombre nuevo”. Ha sido un tiempo de gracia que nos ha ayudado a tomar consciencia de todo aquello que pone obstáculos a la vida lanzándonos al sinsentido de la acumulación, de la búsqueda del buen nombre, de la exclusión y del secuestro de la verdad por nombrar solo unos cuantos aspectos que le quitan brillo a la vida. También ha sido un tiempo de gracia para tomar consciencia de la apuesta de Dios por el ser humano. El Dios que ama la vida no ha escatimado ningún recurso para ayudarnos a transitar por la avenida de la vida con sentido transformándonos desde dentro con la fuerza del perdón, de la solidaridad, en últimas, con la fuerza de un amor que no conoce los límites y que traspasa las fronteras.

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Quinto Domingo Cuaresma - C

Juan 8, 1-11

Cuando a alguien le cae una desgracia, nunca hay que decir: «Justo castigo por sus pecados». Lejos de castigar a los que lo ofenden, Dios deja siempre tiempo a los pecadores para que se enmienden, esperando que al final se conviertan. Es un padre que aguarda sin cesar su regreso y, cuando finalmente vuelven a casa, invita al cielo y a la tierra a que se alegren con él.

La insistencia de Jesús en la infinita misericordia de Dios, ciertas formas de ilustrar esta enseñanza y, sobre todo, su comportamiento, acabaron por despertar la desconfianza de los «puros», de ciertos fariseos que, como el hijo mayor de la parábola, servían a Dios desde hacía muchos años sin haber desobedecido nunca una orden suya. ¿Qué pensar de este predicador que recibía a los pecadores y no dudaba en comer con ellos? Su conducta les resultaba cada vez más sospechosa, más escandalosa. Su forma de actuar, que tanto agradaba al pueblo, ¿no era una forma de complicidad con el pecado?

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Cuarto Domingo Cuaresma - C

hijo prdigoLucas 15, 1-3. 11-32

El evangelio de este domingo narra “la parábola del hijo pródigo”. Sin duda, la parábola más cautivadora de Jesús, el corazón del evangelio. Todas hemos escuchado y meditado más de una vez esta parábola. Es una de esas historias que llega al corazón, que nos toca por dentro. Expresa de una forma inmejorable la fuerza de la misericordia y el perdón.

Jesús hace una invitación a los que “cumplen” -a los que se creen buenos y justos- a alejarse viendo cómo los hermanos menores, los que malgastan la hacienda, los que andan perdidos y vuelven, se sientan también a la mesa y participan de la fiesta, porque, al fin y al cabo, para el padre, son también hijos y para ellos deberían seguir siendo hermanos. Para personas como el hermano mayor el evangelio es siempre un escándalo. No sólo querrían que por sus méritos acumulados Dios los diera a cambio el reino, sino que aún parece que les interesa y satisface más el que se lo quite a otros.

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