Domingo 11 - A 2026
Mateo 9, 36 :10,8
El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús recorriendo pueblos y aldeas, anunciando el Reino de Dios y curando a los enfermos. No permanece distante ante las necesidades de las personas, sino que sale a su encuentro. Al contemplar a la multitud, se conmueve profundamente porque la ve «cansada y abatida, como ovejas que no tienen pastor». Su mirada descubre el sufrimiento, las búsquedas y las heridas que muchas veces permanecen ocultas.
La compasión de Jesús no se queda en un sentimiento. De ella nace la misión. La mies es abundante, dice el Señor, y por eso invita a pedir al dueño de la mies que envíe trabajadores a su campo. El anuncio del Evangelio sigue siendo una tarea urgente en un mundo que necesita esperanza, orientación y sentido.
Jesús llama entonces a los doce apóstoles y los envía a continuar su propia obra. No elige a personas perfectas, sino a hombres sencillos que aprenderán a confiar más en la fuerza de Dios que en sus propias capacidades. También hoy sigue llamando discípulos dispuestos a ser instrumentos de su amor.
El envío concluye con una enseñanza que resume toda la vida cristiana: «Gratis habéis recibido, dad gratis». Todo es don: la fe, el perdón, la misericordia y la esperanza. Quien ha experimentado la bondad de Dios está llamado a compartirla generosamente con los demás. Solo así podremos hacer presente, en medio de nuestro mundo, la compasión y la cercanía del corazón de Cristo.
La solemnidad de la Santísima Trinidad nos invita a contemplar el misterio más profundo de nuestra fe: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en comunión perfecta de amor. El Evangelio que acabamos de escuchar no intenta explicar filosóficamente este misterio, sino mostrarnos cómo actúa Dios en favor de la humanidad.
