tiempo ordinario A 2026

 

 

Domingo 5 - A 2026

Domingo 5 A 2026Mateo 5, 13-16

El Evangelio de hoy nos presenta dos imágenes sencillas y esenciales: la sal y la luz. Ambas son humildes y necesarias; no destacan por sí mismas, pero sin ellas la vida pierde sabor y orientación.

Jesús nos dice: “Vosotros sois la sal de la tierra”. La sal actúa desde dentro, mezclándose y entregándose. Así también la fe: no puede quedar encerrada ni al margen de la vida, sino que está llamada a transformarla silenciosamente. Cuando la fe se vuelve costumbre y pierde su relación viva con Dios, pierde su sabor y deja de dar vida.

Jesús habla también de la luz. La luz no se guarda, sino que ilumina y revela la realidad. Del mismo modo, la fe no nos ha sido dada para ocultarla, sino para que se haga visible en una vida coherente y verdadera, no para gloria propia, sino para que se glorifique al Padre.

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Domingo 4 - A 2026

Domingo 4 a 2026Mateo 5, 3-12

El Evangelio de este domingo nos sitúa ante el gran discurso de Jesús en el monte, donde proclama las Bienaventuranzas. No se trata de simples consejos morales, sino de una verdadera propuesta de vida que revela el rostro de Dios y el modo de vivir del discípulo.

Jesús llama felices a los pobres de espíritu, a los que lloran, a los mansos, a los que tienen hambre y sed de justicia. A primera vista, estas palabras parecen una paradoja, porque contradicen la lógica del éxito, del poder y de la autosuficiencia. Sin embargo, Jesús nos muestra que la verdadera felicidad nace de una relación confiada con Dios, de un corazón libre que no se apoya en sí mismo, sino en el amor fiel del Padre.

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Domingo 3 - A 2026

domingo 3 A 2026Mateo 4,12-23

El Evangelio de hoy nos presenta el inicio de la vida pública de Jesús en Galilea, una tierra sencilla y poco valorada. Allí proclama su primer anuncio: «Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos». No es una amenaza, sino una buena noticia: Dios se ha acercado a nosotros.
La conversión que Jesús pide no es solo dejar el pecado, sino cambiar el corazón y la dirección de la vida. Es abrirnos a Dios y confiar en que Él puede renovar nuestra historia concreta, con sus luchas y fragilidades.

Jesús llama después a los primeros discípulos mientras trabajan, en lo cotidiano.

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Domingo 2 - A 2026

Domingo 2 A 2026Juan 1, 29-34

El Evangelio de hoy nos presenta una de las expresiones más profundas de nuestra fe: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. No la dice Jesús, sino Juan el Bautista, que ha comprendido bien su misión: no ser el centro, sino señalar a Otro. Al ver a Jesús, reconoce en Él al Mesías, pero no lo llama rey ni libertador, sino Cordero, revelando así que su misión será la de la entrega y no la del poder.

La imagen del cordero remite a toda la historia de Israel: al cordero pascual, a los sacrificios del templo y al siervo sufriente anunciado por Isaías. Llamar a Jesús “Cordero de Dios” es reconocer que viene a salvar no imponiéndose, sino entregándose; no eliminando enemigos, sino cargando con el pecado del mundo por amor.

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Bautismo del Señor - A 2026

Bautismo del Seor A 2026Mateo 3, 13-17
Hoy celebramos el Bautismo del Señor, una fiesta que pone fin al tiempo de Navidad y nos introduce en la vida pública de Jesús. El evangelio de san Mateo nos presenta a Jesús que se acerca al Jordán para ser bautizado por Juan, no porque lo necesite, sino porque quiere ponerse en el lugar de todos los hombres y mujeres que buscan a Dios con un corazón sincero. Jesús no se sitúa por encima, sino en medio de su pueblo; no se distancia de nuestra fragilidad, sino que la asume.

Juan Bautista se sorprende y se resiste: reconoce que Jesús es más grande que él y no comprende cómo puede recibir un bautismo destinado a los pecadores. Pero Jesús le responde con una expresión clave:

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