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Confiar en el tiempo de Dios

reflexion esperar

Cuando la espera es también camino

Hay momentos en los que la vida parece avanzar más despacio de lo que desearíamos. Esperamos una respuesta, una señal, una puerta que se abra. Nos gustaría resolver cuanto antes aquello que nos preocupa, pero el tiempo tiene un ritmo que no siempre coincide con el nuestro.

También el Evangelio nos recuerda que la espera forma parte del camino de la fe. No es un tiempo vacío ni una pausa estéril, sino un espacio donde aprendemos a confiar. A veces creemos que solo caminamos cuando todo se mueve; sin embargo, hay pasos decisivos que se dan precisamente mientras aguardamos.

Esperar no significa permanecer inmóviles, sino seguir habitando el presente con fidelidad. Es descubrir que Dios también trabaja en el silencio, en lo que no vemos, en aquello que todavía no comprendemos. Su acción rara vez responde a nuestras prisas, pero nunca llega tarde.

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Buscad al Señor y revivirá vuestro corazón

buscad al SeorOpiniones, las hay para todos los gustos, en cada tema que se debata, por variopinto que sea. Y todas deben ser muy respetables mientras no se traspase la línea de la tolerancia. Si la opinión pasa de lo natural a lo sobrenatural, si hay que dar un salto más allá de lo humano y traspasar al campo de la fe, casi sobran los comentarios, porque cuando se toca el terreno de lo trascendente, con mucha facilidad se cae en el peligro de la superficialidad con la indiferencia o el rechazo total.

Aun así, digan lo que digan, quienes tenemos el tesoro de creer más allá de lo que tocamos, palpamos y vemos, entenderemos mejor que la celebración de la Eucaristía, si no es un día, tampoco a lo mejor otro, ni otro… pero, de repente sí, otro día, sin buscarlo conscientemente podemos experimentar un impacto fuerte que no nos deja indiferentes, al menos, durante un tiempo.

Como cada día, empezamos la Eucaristía en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo… y la celebración se va desarrollando con normalidad, no digo con la más que posible rutina, pero sí sin sobresaltos de ningún tipo. Sin más, llegamos al salmo responsorial rezado o cantado según el día y, ¡atención! cuando el corazón se estremece, cuando parece que empieza a palpitar más de lo normal, hay que prestar atención.

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Formación inicial humana y monástica

1. La formación inicial humana y monástica

03 formacion inicial humanaLa formación inicial humana y monástica, tema delicado y complejo, tema comprometedor y apasionante a la vez que nosotras, como formadoras, hemos de abordar desde la responsabilidad y desde el reto que supone realizar esta misión que se nos ha confiado en nuestras respectivas comunidades.

De entrada diría que se nos pide a todas, desde el primer momento, ya en la acogida, que se nos note ese entusiasmo que solo proviene de nuestro ser felices con nuestra vocación, en lo personal y comunitario. Ese será el primer impacto “positivo” que recibirá quien llame a nuestros monasterios, porque es el contagio, es la pasión con la que se transmite una vida lo que ayudará a hacer el camino formativo interesante y atractivo. A partir de ese momento empieza el tiempo de formación al que llamamos inicial, tiempo largo de prueba antes del compromiso definitivo. Partimos de que la candidata a la vida monástica en general no es una persona madura, ya hecha, sino necesitada de ayuda, necesitada de acompañamiento para vivir este proceso de adaptación - maduración. Incluso es muy difícil que la persona que pide ser admitida a nuestra casa tenga realmente una idea clara de lo que Dios quiere de ella. Esto en principio no es ningún obstáculo, es lo normal. Pero, eso sí, que tenga una naturaleza suficientemente equilibrada.

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Hacia una comunidad reconciliada, de alabanza a Dios y de acción de gracias

02 comunidad reconcilidadaA lo largo de estos días hemos profundizado en varios niveles de la teología de la vida comunitaria: tanto en su dimensión sacramental como en otros aspectos de la misma. Ahora me toca a mí descender a la vida cotidiana.

De manera sencilla y desde mi experiencia de vida monástica, quiero compartir con vosotros/as lo que veo, siento y entiendo acerca de cómo llegar a ser una comunidad reconciliada, agradecida y entregada a la alabanza a Dios. El objetivo de mi exposición será, pues, ofrecer algunas sugerencias en esta dirección por si os pueden ayudar.

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