Domingo 28 - C
El evangelio que acabamos de escuchar puede ser muy aprovechable en nuestra reflexión de hoy. La lepra era en aquella época, una enfermedad terrible, por su manifestación física (el cuerpo se llenaba de llagas) y sobre todo por la explicación de su origen, enfermar era resultado del pecado, si uno enfermaba era porque había hecho algo malo (esa expresión tan injusta “algo habrá hecho”); pero además esta enfermedad incurable llevaba consigo que el que la padecía no podía vivir con nadie ya que era contagiosa, y eran expulsados a las afueras de los pueblos y ciudades, hasta que les llegaba la muerte.


Lucas 17, 5-10

