Domingo XIV - C
Lucas 10, 12.17-20
Lucas es el único evangelista que narra la misión de los 72, También relata antes, la de los doce. Seguramente ha querido acentuar el carácter universal de la predicación de la nueva comunidad. Doce era el número de las tribus de Israel. Setenta era el número de las naciones gentiles, según el Génesis.
Relata las consignas que les da Jesús antes de ponerse en camino. Consignas claras y precisas: la pobreza y ser mensajeros de paz. Les advierte que su tarea no es fácil. Su misión es el anuncio del reino de Dios.

Lucas 9, 51-62
La Solemnidad de hoy es un eco del jueves santo. El Señor Jesús quiso quedarse con nosotras. Y lo hace en cada Eucaristía, en donde somos convocadas a la mesa de la Palabra y a la mesa de su Cuerpo y de su Sangre.
A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por profundizar en el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.
Ven Espíritu Creador e infunde en nosotros la fuerza y el aliento de Jesús. Sin tu impulso y tu gracia, no acertaremos a creer en él; no nos atreveremos a seguir sus pasos; la Iglesia no se renovará; nuestra esperanza se apagará. ¡Ven y contágianos el aliento vital de Jesús!