Domingo 5 Pascua - A 2026

domingo 5 Pascua 2026Juan 14, 1-12

“No se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Es una palabra para los momentos de incertidumbre, cuando no vemos claro el camino o nos sentimos desbordados por la vida. No es una exigencia, sino una invitación a la confianza.

Esa confianza tiene un rostro concreto: Jesús. Por eso puede decir: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No solo nos indica un camino, sino que Él mismo se hace camino con nosotros, acompañando nuestros pasos incluso en la oscuridad.

Jesús nos revela también el sentido profundo de nuestra vida: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas… voy a prepararos un lugar”. No caminamos hacia la nada, sino hacia una vida de comunión y de acogida que sostiene ya nuestro presente.

Y en el centro de todo, nos muestra el rostro de Dios: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. Dios no es lejano ni abstracto, sino cercano y visible en la vida de Jesús.

De ahí nace la llamada a la fe viva: quien cree en Él no se queda quieto, sino que continúa sus obras en el mundo, haciendo presente el amor, la esperanza y la vida.

Hoy el Señor nos invita simplemente a confiar: no porque todo esté claro, sino porque no caminamos solos.

Domingo 4 Pascua - A 2026

domingo 4 pascua 2026Juan 10. 1-10

En este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia nos presenta a Jesús como el Buen Pastor. Él mismo dice: “Yo soy la puerta de las ovejas”. Es una imagen muy cercana: un pastor que conoce a sus ovejas, que las llama por su nombre y que da la vida por ellas.

En un mundo donde muchas veces nos sentimos perdidos, confundidos o incluso solos, este Evangelio nos recuerda algo muy importante: no caminamos sin rumbo. Tenemos un Pastor que nos guía, que nos cuida y que quiere lo mejor para nosotros.

Pero hay un detalle clave: las ovejas reconocen su voz. Esto nos invita a preguntarnos: ¿Sabemos escuchar la voz del Señor en medio de tanto ruido?¿O seguimos otras voces que nos prometen felicidad, pero no nos llevan a la vida verdadera?

Escuchar a Jesucristo significa confiar en su palabra, vivir el Evangelio y dejarnos guiar, incluso cuando no entendemos todo.
Además, Jesús no solo guía, sino que protege y da vida en abundancia. No viene a quitarnos nada, sino a llenarnos de sentido, de paz y de esperanza.

Hoy también es un buen día para pedir por las vocaciones, por aquellos que están llamados a ser pastores en la Iglesia, para que reflejen el corazón de Cristo: cercano, humilde y entregado.

Domingo 3 Pascua - A 2026

domingo 3 pascua 2026Lucas 24, 13-35

Los discípulos de Emaús caminan tristes y desorientados, alejándose de Jerusalén porque la cruz ha roto sus esperanzas y no logran comprender lo vivido. Sin darse cuenta, están también alejándose de la comunidad y de la fe.

En ese camino, Jesús se hace presente y camina con ellos, aunque no lo reconocen. Así también nosotros muchas veces avanzamos en la vida sin advertir su compañía, atrapados en el dolor, la duda o la decepción. Y, sin embargo, Él permanece cercano, paciente y fiel.

Jesús les ayuda entonces a releer su historia a la luz de las Escrituras: les muestra que la cruz no era el final, sino un paso hacia la vida. Su Palabra despierta sus corazones y les devuelve la esperanza, enseñándonos que también nuestras heridas pueden ser iluminadas desde dentro por Dios.

Al partir el pan, finalmente lo reconocen. La fe madura en ese encuentro donde la Palabra prepara el corazón y la Eucaristía revela la presencia del Señor. Entonces todo cambia: la tristeza se convierte en alegría y el desánimo en misión.

Regresan a la comunidad para anunciar lo vivido, porque quien se encuentra de verdad con Cristo ya no puede seguir igual. También hoy, Jesús sigue caminando con nosotros en nuestros propios caminos de Emaús, sosteniéndonos con su Palabra y con su Pan.

Domingo 2 Pascua - A 2026

domingo 2 pascua A 2026Juan 20, 19-31

El Evangelio nos muestra a los discípulos encerrados, marcados por el miedo y por la herida interior que ha dejado la pasión. Han huido, han fallado, y ahora viven en la incertidumbre. Pero es precisamente en esa situación donde Jesús se hace presente: se pone en medio de ellos, no desde fuera, sino en el corazón mismo de su fragilidad. Y no hay reproches por su abandono, ni palabras duras por su infidelidad; su primera palabra es un don: la paz. Una paz que no ignora lo sucedido, sino que lo abraza y lo transforma desde dentro.

A continuación, les muestra las manos y el costado. No oculta las señales de la cruz, porque en ellas se revela la verdad de su amor. Las heridas permanecen, pero ya no hablan de fracaso, sino de entrega. Así también, nuestras propias heridas, cuando son acogidas en su presencia, pueden convertirse en lugar de gracia y no de vergüenza.

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