Domingo 18 - A 2026
Después de conocer la muerte de Juan Bautista, Jesús se retira a un lugar desierto. Seguramente busca el silencio y la oración. Pero la multitud lo sigue, y Él, lejos de encerrarse en su dolor, se deja conmover por el sufrimiento de aquella gente.
Al caer la tarde, los discípulos creen haber encontrado la solución: «Despide a la gente para que vayan a comprar comida». Es una propuesta lógica. Sin embargo, Jesús responde con una frase sorprendente: «Dadles vosotros de comer.»
Jesús podría haber alimentado a la multitud sin ayuda de nadie. Pero no quiere hacerlo así. Quiere que sus discípulos participen en el milagro. Ellos solo tienen cinco panes y dos peces; parece muy poco, pero eso es precisamente lo que Jesús les pide: que pongan a su disposición lo poco que poseen. El milagro es obra de Dios, pero pasa por las manos de los discípulos.




