Domingo 28 - A 2026
En el Evangelio de hoy, Jesús nos presenta a un rey que invita a todos a un banquete de bodas. Esta imagen nos habla del amor de Dios, que nos llama a vivir en comunión con Él y a participar de la alegría de su Reino.
Sin embargo, algunos invitados rechazan la invitación porque están demasiado ocupados en sus propios asuntos. También nosotros podemos caer en esa actitud: las preocupaciones, el trabajo, las prisas y los problemas de cada día pueden hacer que dejemos a Dios en segundo lugar.
Pero Dios no se cansa de invitarnos. Su llamada es para todos, nadie queda excluido de su amor. Lo importante es abrirle el corazón y responder con generosidad.
El Evangelio también nos habla del vestido de fiesta. No basta con aceptar la invitación exteriormente; es necesario revestirnos de una vida nueva, marcada por la fe, el amor, la misericordia y el compromiso con los demás.
Preguntémonos hoy: ¿estamos respondiendo a la invitación de Dios o siempre encontramos una excusa para dejarlo para después? El Señor nos invita a su mesa, nos ofrece su amor y nos envía a compartir esa alegría con los demás.
Que no seamos cristianos solo de nombre, sino discípulos que viven revestidos de amor y de buenas obras.



