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Domingo 13 - A 2026

domingo 13 a 2026 aMateo 10, 37-42

A veces vivimos con la sensación de que debemos sostener muchas cosas: relaciones, responsabilidades, expectativas, proyectos. Y, sin darnos cuenta, el corazón puede dispersarse entre tantas preocupaciones que termina perdiendo su centro. El Evangelio de hoy nos invita a volver a lo esencial. No como una exigencia que pesa, sino como una llamada a descubrir qué es lo que verdaderamente sostiene nuestra vida.

«El que ama a su padre o a su madre más que a mí...» Son palabras que pueden sorprendernos. Pero quizá Jesús no está hablando de renunciar a los afectos, sino de encontrar la fuente de donde brota todo amor auténtico. Porque cuando Dios ocupa el centro, los demás amores no se debilitan; se vuelven más libres, más hondos y más verdaderos.

También escuchamos una invitación a tomar la cruz. No como quien busca el sufrimiento, sino como quien acepta que amar tiene un precio. Hay fidelidades que cansan, reconciliaciones que cuestan, entregas que nadie ve. Y, sin embargo, es precisamente ahí donde el amor madura y se vuelve fecundo.

«Quien pierda su vida por mí, la encontrará» . Hay algo paradójico en estas palabras. Queremos conservar, asegurar, retener. Pero la vida parece desplegar toda su riqueza cuando deja de girar únicamente alrededor de nosotros mismos. Cuando aprendemos a dar, a confiar, a dejarnos conducir más allá de nuestros cálculos.

Y el Evangelio concluye con un gesto casi insignificante: ofrecer un vaso de agua. Como si Jesús quisiera recordarnos que lo más importante no siempre ocurre en los grandes acontecimientos. A veces el Reino de Dios se abre paso en una palabra amable, una escucha paciente, una presencia discreta. En esas pequeñas acciones que parecen poco, pero que sostienen silenciosamente la vida de los demás.

Quizá hoy no se nos pide hacer algo extraordinario. Tal vez baste con volver a orientar el corazón hacia aquello que permanece. Confiar un poco más. Retener un poco menos. Amar con mayor libertad.

Y descubrir, en medio de lo cotidiano, que Dios sigue acercándose a nosotros en los gestos más sencillos, invitándonos una vez más a encontrar en Él el centro y la plenitud de nuestra vida.

Domingo 12 - A 2026

domingo 12 a 2026Mateo 10, 29-33

Las palabras de Jesucristo en el Evangelio de este domingo son una invitación a vivir desde la confianza y no desde el miedo. «No tengan miedo» no es una simple frase de consuelo, sino una llamada a reconocer que nuestra vida está en las manos de Dios. Jesús sabe que sus discípulos encontrarán dificultades, incomprensiones e incluso rechazo por seguirle, pero les recuerda que el amor y la providencia del Padre son más grandes que cualquier amenaza.

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Domingo 11 - A 2026

domingo 11 a 2026Mateo 9, 36 :10,8

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús recorriendo pueblos y aldeas, anunciando el Reino de Dios y curando a los enfermos. No permanece distante ante las necesidades de las personas, sino que sale a su encuentro. Al contemplar a la multitud, se conmueve profundamente porque la ve «cansada y abatida, como ovejas que no tienen pastor». Su mirada descubre el sufrimiento, las búsquedas y las heridas que muchas veces permanecen ocultas.

La compasión de Jesús no se queda en un sentimiento. De ella nace la misión. La mies es abundante, dice el Señor, y por eso invita a pedir al dueño de la mies que envíe trabajadores a su campo. El anuncio del Evangelio sigue siendo una tarea urgente en un mundo que necesita esperanza, orientación y sentido.

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Corpus Christi - A 2026

cuerpo de cristo a 2026Juan 6, 51-58

Hay hambres que no se ven: hambre de sentido, de paz, de una palabra que sostenga la vida. En medio de esa búsqueda, escuchamos una afirmación luminosa: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”. No se nos ofrece una teoría, sino una presencia: alguien que quiere hacerse alimento para el camino.

El pan es sencillo y cotidiano. Se parte, se comparte y sostiene la vida. Quizá por eso Jesús elige esta imagen para hablar de sí mismo. No viene a imponerse, sino a entregarse; no reclama nada, se ofrece.

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Son palabras que siguen sorprendiendo. Nos hablan de un Dios que no permanece distante, sino que quiere unirse a nuestra vida y habitar en nosotros.

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Santísima Trinidad - A 2026

Santa Trinidad 2026La solemnidad de la Santísima Trinidad nos invita a contemplar el misterio más profundo de nuestra fe: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en comunión perfecta de amor. El Evangelio que acabamos de escuchar no intenta explicar filosóficamente este misterio, sino mostrarnos cómo actúa Dios en favor de la humanidad.

Jesús dice: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único.”

Aquí descubrimos el corazón de la Trinidad: el Padre ama al mundo, el Hijo se entrega para salvarlo y el Espíritu Santo hace posible que ese amor transforme nuestra vida. Dios no permanece lejano; entra en nuestra historia para ofrecernos salvación y vida nueva.

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