tiempo ordinario A 2026

 

 

Santa María, Madre de Dios - A 2025

1 enero 2026Lucas 2, 16-21

El Evangelio con el que comenzamos el año nos ofrece una escena para contemplar: un niño en un pesebre, una madre que lo envuelve con cuidado y unos pastores que llegan para mirar. Todo ocurre en la sencillez y el silencio. Así es como Dios entra en nuestra historia: sin imponerse, dejándose encontrar.

Los pastores han escuchado una palabra y se han puesto en camino. No entienden todo, pero confían. Y después regresan a su vida cotidiana glorificando a Dios. El encuentro con el Niño no los aparta de lo de siempre, sino que transforma su manera de vivirlo. Han descubierto que Dios se manifiesta en la pobreza y en lo pequeño.

María permanece en una actitud distinta. Ella guarda y medita en su corazón. No pretende dominar el misterio ni apresurar los tiempos de Dios. Su fe es silenciosa y profunda. María nos enseña que creer, muchas veces, es saber acoger lo que Dios hace sin comprenderlo del todo.

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Sagrada Familia - A 2025

Sagrada Familia A 2025Mateo 2, 13-15.19-23

Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, y el Evangelio que acabamos de escuchar nos presenta una escena que, lejos de ser idílica, está marcada por la dificultad, el peligro y la huida. José toma al Niño y a María en plena noche y parte hacia Egipto para salvar la vida de Jesús. Desde el comienzo, la familia de Nazaret conoce el sufrimiento, la incertidumbre y el desarraigo.

Esto es muy importante, porque nos recuerda que la Sagrada Familia no fue una familia perfecta en el sentido de una vida cómoda o sin problemas, sino una familia profundamente humana, que vivió pruebas reales, como tantas familias hoy: migración forzada, miedo por los hijos, decisiones difíciles, futuro incierto.

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Natividad del Señor - A 2025

Navidad 2025Juan 1, 1-18

En este domingo de Navidad la Iglesia nos invita a ir más allá del pesebre. Ya hemos contemplado al Niño acostado en el portal, y hoy el Evangelio nos revela quién es realmente ese Niño. San Juan nos dice que Él es la Palabra eterna de Dios, el Verbo, que existía desde el principio.
La Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios. Esto significa que Jesús no es solo un gran hombre o un profeta más. Él es Dios mismo que viene a nuestro encuentro. El Dios eterno, creador de todo, decide entrar en nuestra historia.

Y la Palabra se hizo carne. Esta frase es el corazón de la Navidad. Dios no se quedó lejos, no nos habló desde el cielo solamente. Se hizo uno de nosotros. Asumió nuestra fragilidad, nuestro cansancio, nuestras alegrías y sufrimientos.

Jesús vino a habitar entre nosotros. No vino a una vida cómoda ni poderosa. Vino a un mundo herido por el pecado, por el egoísmo y por la indiferencia. Y aun así, eligió quedarse con nosotros.

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4 Adviento - A 2025

domingo 4 adviento 2025Mateo 1, 18-24

Hoy el Evangelio nos presenta a San José, un hombre justo, sencillo y humilde, que se enfrenta a una situación inesperada y difícil. María, su prometida, está embarazada por obra del Espíritu Santo. Podemos imaginar su desconcierto, su temor y hasta la tentación de retirarse discretamente para no causar daño. Pero en medio de su incertidumbre, Dios se le revela a través de un ángel que le recuerda que todo esto es parte de un plan divino. Y José, fiel y valiente, dice su “sí” a Dios, aceptando lo que no comprende del todo, confiando en la acción del Espíritu.

José nos da hoy un gran ejemplo. Nos enseña que la fe no consiste en tener todas las respuestas ni en entender cada situación, sino en confiar en Dios y en su plan, aunque nos parezca sorprendente o difícil. Cuántas veces en nuestra vida nos sentimos como José: frente a decisiones complicadas, situaciones inesperadas, problemas que no sabemos cómo resolver… y nos invade el miedo o la duda. La invitación del Evangelio es clara: dejemos que Dios nos hable y nos guíe, y respondamos con obediencia y confianza.

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3 Adviento - A 2025

Domingo 3 Adviento 2025Mateo 11, 2-11

El Tercer Domingo de Adviento, llamado Gaudete, nos invita a una alegría serena; una alegría que no depende de las circunstancias, sino de la certeza de que el Señor está cerca y actúa incluso cuando su presencia parece discreta.

El Adviento nos recuerda que la verdadera alegría nace en quien sabe esperar, reconoce los signos de Dios y se deja transformar por una esperanza que sostiene en los días difíciles.

Juan el Bautista, desde la cárcel, envía a preguntar a Jesús si Él es el que tenía que venir; su duda refleja la del creyente cuando las promesas de Dios parecen tardar. Jesús responde con obras: los ciegos ven, los cojos caminan, la vida renace donde antes había oscuridad. Nos invita así a descubrir su presencia en lo pequeño, en lo que brota lentamente, en los frutos que solo se perciben con una mirada atenta.

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