Domingo 2 - A 2026
El Evangelio de hoy nos presenta una de las expresiones más profundas de nuestra fe: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. No la dice Jesús, sino Juan el Bautista, que ha comprendido bien su misión: no ser el centro, sino señalar a Otro. Al ver a Jesús, reconoce en Él al Mesías, pero no lo llama rey ni libertador, sino Cordero, revelando así que su misión será la de la entrega y no la del poder.
La imagen del cordero remite a toda la historia de Israel: al cordero pascual, a los sacrificios del templo y al siervo sufriente anunciado por Isaías. Llamar a Jesús “Cordero de Dios” es reconocer que viene a salvar no imponiéndose, sino entregándose; no eliminando enemigos, sino cargando con el pecado del mundo por amor.





