Domingo 2 Pascua - A 2026
El Evangelio nos muestra a los discípulos encerrados, marcados por el miedo y por la herida interior que ha dejado la pasión. Han huido, han fallado, y ahora viven en la incertidumbre. Pero es precisamente en esa situación donde Jesús se hace presente: se pone en medio de ellos, no desde fuera, sino en el corazón mismo de su fragilidad. Y no hay reproches por su abandono, ni palabras duras por su infidelidad; su primera palabra es un don: la paz. Una paz que no ignora lo sucedido, sino que lo abraza y lo transforma desde dentro.
A continuación, les muestra las manos y el costado. No oculta las señales de la cruz, porque en ellas se revela la verdad de su amor. Las heridas permanecen, pero ya no hablan de fracaso, sino de entrega. Así también, nuestras propias heridas, cuando son acogidas en su presencia, pueden convertirse en lugar de gracia y no de vergüenza.




