Domingo 20 - A 2026
Hay algo profundamente hermoso y sorprendente en este Evangelio: una mujer extranjera y pagana se acerca a Jesús con una súplica llena de fe: «Señor, socórreme». Y Jesús, al principio, permanece en silencio. Después parece poner resistencia y recuerda que su misión está dirigida a las «ovejas descarriadas de Israel».
Pero aquella mujer no se marcha. No se desanima ante el silencio ni ante las palabras de Jesús. Sigue confiando. Su fe perseverante parece abrir un camino nuevo en el corazón de Jesús. Él se deja interpelar, se deja sorprender y termina reconociendo: «Mujer, qué grande es tu fe».
Es hermoso contemplar a Jesús dejándose tocar por esta mujer.




