Inmaculada Concepción de María
Lucas 1, 26-38
Hoy celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María y lo hacemos en el marco del Adviento.
¿Qué significado tiene en el tiempo de Adviento esta fiesta que nos invita a contemplar el inicio de la vida de la que será la madre del Señor?
Su condición inmaculada es signo de la acción de Dios que nos llama y que “nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos consagrados e irreprochables ante él por el amor” (EF 1,4)
María es, pues, la mujer elegida, escogida por Dios para ser objetos de su amor gratuito, para ser espacio de la presencia de Dios, el lugar de la Encarnación del Hijo del Hombre.
El evangelio de la Anunciación expresa la vocación de María y el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a la humanidad. Por eso la grandeza de María consiste en su apertura a la Palabra de Dios, acogiendo la alianza que Dios le ofrece y autodefiniéndose ella misma como “la esclava del Señor”. María cree en la promesa de Dios, para quién nada es imposible.
Mateo 24, 37-44
Lucas 23, 35-43
Lucas 21, 5-19
Lucas 20, 27-38