Viernes Santo
Existe una copla popular bien conocida de Antonio Machado que termina así: “No quiero cantar ni puedo a ese Jesús del madero sino al que anduvo en la mar” Y así suele ser entre nosotros. Admiramos más al Jesús de los milagros, el de los poderes especiales, el que es capaz de andar sobre las aguas, y nos cuesta mirar y entender al Jesús de la cruz. Sin embargo, otro poeta Lope de Vega tiene unos versos al Crucificado que termina así: Pero, “¿cómo clavado enseñas tanto? Debe de ser que siempre estás abierto, ¡oh Cristo, de ciencia eterna, oh, libro santo!” Sí, tenemos que acercarnos a la Cruz y aprender de ella, leer en ella, empaparnos de sus enseñanzas. Y ¿qué aprender? Aprender cómo Cristo ha vivido y procesado la injusticia enorme que le han hecho. Él había dicho: “si te abofetean en una mejilla, preséntale la otra”;

Juan 13, 1-15
La cara y la cruz de Jesús. No es fácil situarnos ante la Pasión de Jesús. Junto con el dolor y la indignación, nos surgen preguntas. No hay palabras que justifiquen esta condena a aquel «que pasó haciendo el bien». El mensaje y las acciones de Jesús habían quedado ensombrecidas por la muerte en la cruz, reservada para los peores delincuentes. Sin embargo, Jesús ya había advertido a los suyos que, en Jerusalén, tendría problemas. Allí vive la cara y la cruz de la vida cuando, a la entrada, es aplaudido como un rey y, poco después, abucheado y ajusticiado como un criminal.
Hoy comienza la Semana Santa...
Juan 11,1-45