El próximo 2 de febrero, festividad de la Presentación del Señor, se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada con el lema, "La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido".
El objetivo de esta jornada es ayudar a toda la Iglesia a conocer el testimonio de quienes hemos elegido seguir a Cristo de cerca y dedicar nuestra vida a Él.
Los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada han hecho público su mensaje con motivo de esta jornada. En él, la voz del presidente de la Comisión, Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, se une a la de los prelados miembros y a la secretaria técnica para acoger con profundidad y generosidad la fragilidad de ‘un mundo herido’, una realidad constatable en todos los pueblos y en todas las etapas de la historia. Así, hacen presente las heridas lacerantes “que en gran parte de nuestro planeta, supuran sin descanso, más allá o más acá de los vaivenes de la política, la economía, la vida social, etc”.
Con el lema "Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia" (Juan 15, 5-9), la Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero de 2021. No olvidemos que la unidad de la Iglesia es necesaria para acercarnos a la unidad que Cristo quiere para todos.
Materiales para seguir la Semana de Oración
Proceden de parte de renuncia a su sueldo, como un gesto del presbiterio de ayuda a las familias más vulnerables ante la crisis del coronavirus.
Desde que los sacerdotes de la diócesis decidieran renunciar a parte de su suelo y entregarlo a Cáritas para paliar las consecuencias económicas de la pandemia, se han recaudado, a fecha 31 de mayo, un total de 75.736 euros. El dinero procede de los donativos que los presbíteros han entregado de forma voluntaria a la entidad caritativa para que pueda implementar sus ayudas, ya que los problemas económicos empiezan a agudizar la situación de las familias más vulnerables ante la crisis del coronavirus.
La realidad del sufrimiento humano que estamos viviendo con la pandemia del coronavirus, algunos se preguntan: ¿Cómo puede Dios permitir esto? Como si Dios fuera insensible ante la muerte de ancianos y no ancianos, de tantos muertos sin que nadie les llore. En realidad, ésta es una pregunta teórica, de espectador. Pero ésta no es la postura de los afectados.
¿Dónde está Dios? ¿Está lejos de nosotros o sufre con los que sufren? ¿Llega nuestro sufrimiento a su corazón? ¿Dios es apático o Dios sufre con nosotros? La Pasión de Cristo nos ayuda a responder a la pregunta existencial de la comunión con Dios en el sufrimiento.