Domingo 21 - C 2025
Hoy la Palabra de Dios nos invita a contemplar un tema central en nuestra fe: la salvación universal. Isaías nos presenta a un Dios que convoca a todos los pueblos, sin fronteras ni exclusiones. La salvación no es un privilegio reservado a unos pocos, sino un don que Dios ofrece a toda la humanidad. Ya desde los profetas encontramos esta promesa: que, de oriente y occidente, del norte y del sur, todos acudirán a sentarse en la mesa del Reino.
Sin embargo, cuando en el Evangelio le preguntan a Jesús: “¿Serán pocos los que se salven?”, él no da un número. No alimenta la curiosidad estéril, sino que nos dirige a lo esencial: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha”. La salvación no es una lotería ni un privilegio automático. No basta con decir “soy judío”, en el tiempo de Jesús, ni hoy basta con decir “soy católico” o “ya cumplo con mis sacramentos”. La salvación es un camino de conversión y compromiso.





