Domingo 17 - C 2025
Jesús oraba en cierto lugar. Al terminar, uno de sus discípulos, conmovido quizá por la forma en que lo hacía, se atrevió a pedir: “Señor, enséñanos a orar”. No le pide una oración cualquiera, ni una fórmula para repetir, sino que desea aprender a hablar con Dios como Él lo hace, con esa intimidad serena, profunda, confiada.
Y Jesús responde con palabras que aún hoy resuenan en lo más profundo del alma: “Cuando oréis, decid: Padre…”. Solo esa palabra ya transforma. No dice “Dios lejano”, ni “Juez eterno”, sino simplemente “Padre”.
Ese inicio lo cambia todo: orar no es realizar un rito o cumplir con un deber, es dirigirse a un Dios que nos ama como hijos, que nos conoce, que se compadece, que espera nuestro corazón abierto. Jesús enseña una oración breve, pero densa, cargada de sentido.





