Corpus Christi - A 2026
Hay hambres que no se ven: hambre de sentido, de paz, de una palabra que sostenga la vida. En medio de esa búsqueda, escuchamos una afirmación luminosa: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”. No se nos ofrece una teoría, sino una presencia: alguien que quiere hacerse alimento para el camino.
El pan es sencillo y cotidiano. Se parte, se comparte y sostiene la vida. Quizá por eso Jesús elige esta imagen para hablar de sí mismo. No viene a imponerse, sino a entregarse; no reclama nada, se ofrece.
“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Son palabras que siguen sorprendiendo. Nos hablan de un Dios que no permanece distante, sino que quiere unirse a nuestra vida y habitar en nosotros.




