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Domingo 4 Pascua - A 2026

domingo 4 pascua 2026Juan 10. 1-10

En este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia nos presenta a Jesús como el Buen Pastor. Él mismo dice: “Yo soy la puerta de las ovejas”. Es una imagen muy cercana: un pastor que conoce a sus ovejas, que las llama por su nombre y que da la vida por ellas.

En un mundo donde muchas veces nos sentimos perdidos, confundidos o incluso solos, este Evangelio nos recuerda algo muy importante: no caminamos sin rumbo. Tenemos un Pastor que nos guía, que nos cuida y que quiere lo mejor para nosotros.

Pero hay un detalle clave: las ovejas reconocen su voz. Esto nos invita a preguntarnos: ¿Sabemos escuchar la voz del Señor en medio de tanto ruido?¿O seguimos otras voces que nos prometen felicidad, pero no nos llevan a la vida verdadera?

Escuchar a Jesucristo significa confiar en su palabra, vivir el Evangelio y dejarnos guiar, incluso cuando no entendemos todo.
Además, Jesús no solo guía, sino que protege y da vida en abundancia. No viene a quitarnos nada, sino a llenarnos de sentido, de paz y de esperanza.

Hoy también es un buen día para pedir por las vocaciones, por aquellos que están llamados a ser pastores en la Iglesia, para que reflejen el corazón de Cristo: cercano, humilde y entregado.

Domingo 3 Pascua - A 2026

domingo 3 pascua 2026Lucas 24, 13-35

Los discípulos de Emaús caminan tristes y desorientados, alejándose de Jerusalén porque la cruz ha roto sus esperanzas y no logran comprender lo vivido. Sin darse cuenta, están también alejándose de la comunidad y de la fe.

En ese camino, Jesús se hace presente y camina con ellos, aunque no lo reconocen. Así también nosotros muchas veces avanzamos en la vida sin advertir su compañía, atrapados en el dolor, la duda o la decepción. Y, sin embargo, Él permanece cercano, paciente y fiel.

Jesús les ayuda entonces a releer su historia a la luz de las Escrituras: les muestra que la cruz no era el final, sino un paso hacia la vida. Su Palabra despierta sus corazones y les devuelve la esperanza, enseñándonos que también nuestras heridas pueden ser iluminadas desde dentro por Dios.

Al partir el pan, finalmente lo reconocen. La fe madura en ese encuentro donde la Palabra prepara el corazón y la Eucaristía revela la presencia del Señor. Entonces todo cambia: la tristeza se convierte en alegría y el desánimo en misión.

Regresan a la comunidad para anunciar lo vivido, porque quien se encuentra de verdad con Cristo ya no puede seguir igual. También hoy, Jesús sigue caminando con nosotros en nuestros propios caminos de Emaús, sosteniéndonos con su Palabra y con su Pan.

Domingo 2 Pascua - A 2026

domingo 2 pascua A 2026Juan 20, 19-31

El Evangelio nos muestra a los discípulos encerrados, marcados por el miedo y por la herida interior que ha dejado la pasión. Han huido, han fallado, y ahora viven en la incertidumbre. Pero es precisamente en esa situación donde Jesús se hace presente: se pone en medio de ellos, no desde fuera, sino en el corazón mismo de su fragilidad. Y no hay reproches por su abandono, ni palabras duras por su infidelidad; su primera palabra es un don: la paz. Una paz que no ignora lo sucedido, sino que lo abraza y lo transforma desde dentro.

A continuación, les muestra las manos y el costado. No oculta las señales de la cruz, porque en ellas se revela la verdad de su amor. Las heridas permanecen, pero ya no hablan de fracaso, sino de entrega. Así también, nuestras propias heridas, cuando son acogidas en su presencia, pueden convertirse en lugar de gracia y no de vergüenza.

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Domingo de Ramos - A 2026

domingo de ramos A 2026Mateo 21, 1-11

El Evangelio del Domingo de Ramos en el ciclo A nos muestra a Jesús entrando en Jerusalén entre aclamaciones, pero de una forma sencilla y humilde. No es un rey que se impone, sino que se ofrece. Y, sin embargo, esa misma multitud que hoy lo aclama pronto pedirá su crucifixión. Este contraste no es solo una escena del pasado, sino un reflejo de nuestro propio corazón, capaz de entusiasmo y, al mismo tiempo, de incoherencia.

Jesús entra así para mostrarnos el rostro de Dios: un Dios que no actúa con fuerza ni con espectáculo, sino con humildad y cercanía. No viene a dominar, sino a amar y a entregarse. En ese gesto ya se anticipa la cruz, donde ese amor se manifestará plenamente.

La Pasión que leemos en este día pone delante de nosotros la fragilidad humana —la traición, el miedo, la negación—, pero también la firmeza de Jesús, que permanece fiel y confiado hasta el final. Él no responde con violencia, sino con un amor que resiste todo.

Así, el Domingo de Ramos no es solo el inicio de la Semana Santa, sino una llamada a decidir cómo queremos acompañar a Jesús: si desde un entusiasmo pasajero o desde una fe que permanece también en la cruz. Porque es ahí donde el amor se vuelve verdadero y profundo.