Domingo 33 - C 2025

domingo 33 c 2025Lucas 21, 5-19

En el Evangelio de hoy, Jesús contempla el templo admirado por todos y anuncia que un día no quedará piedra sobre piedra. Sus palabras no buscan infundir miedo, sino liberarnos de la falsa confianza que ponemos en lo que pasa. El Señor nos recuerda que ninguna seguridad humana es definitiva: ni las estructuras, ni los éxitos, ni lo que aparenta ser sólido. Todo eso puede caer. Y cuando cae, no es señal de la ausencia de Dios, sino ocasión para descubrir qué sostiene realmente nuestra vida.

Jesús advierte sobre confusiones y falsas voces que intentarán ocupar su lugar. Ese es quizá el gran desafío: en momentos de crisis, cuando algo se derrumba, escuchar al verdadero Maestro.

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Dedicación Basílica de Letrán 2025

dedicacin basilica Letran 2025Juan 2, 13-22

El evangelio de Juan 2, 13-22 nos presenta a Jesús entrando al templo de Jerusalén y encontrándolo convertido en un mercado. Con fuerza y celo por la casa del Padre, expulsa a los vendedores y cambistas, recordando que el templo es un lugar sagrado, destinado al encuentro con Dios. Este gesto de Jesús no es un arrebato de ira, sino un signo profético: Él no tolera que lo sagrado se mezcle con el interés personal, ni que el corazón humano —que también es templo— se llene de ruido y egoísmo.

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Fieles Difuntos - C 2025

2 noviembre fieles difuntos 2025Juan 14, 1-6

Hoy, en el Día de los Difuntos, la Palabra de Dios nos invita a detenernos, a mirar más allá de lo visible, y a contemplar con esperanza el misterio de la vida eterna. Jesús se acerca con ternura a nuestro corazón y nos dice: “No se turbe su corazón.”

Estas palabras, pronunciadas con la dulzura del que conoce nuestro dolor, suenan hoy como un bálsamo. Es como si Jesús se sentara junto a nosotros, en medio de la nostalgia por aquellos que han partido, y nos dijera con amor: “No tengas miedo. Confía en mí. Yo no te dejo solo, ni dejo solos a los que amas.”

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Solemnidad de Todos los Santos - C 2025

todos los santos 2025Hoy celebramos una de las fiestas más hermosas de nuestra fe: el Día de Todos los Santos. Es una oportunidad para reconocer que la santidad no es un privilegio de unos pocos, sino una llamada universal que Dios dirige a todos sus hijos. La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir lo ordinario con amor extraordinario.

Los santos fueron personas que descubrieron que la verdadera felicidad nace del encuentro con Dios. Por eso apostaron su vida entera al Evangelio, con valentía, con perseverancia, y también con alegría. Algunos brillaron con obras visibles, otros vivieron en el anonimato, pero todos experimentaron que entregarse a Dios transforma la existencia y le da un sentido que nada en este mundo puede quitar.

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Domingo 30 - C 2025

domingo 30 c 2025Lucas 18, 9-14

El evangelio de este domingo nos coloca ante una escena tan sencilla como profunda: dos hombres suben al templo a orar. Uno es fariseo, observante, cumplidor, un hombre religioso, modelo social; el otro es un publicano, considerado pecador, excluido, indigno a los ojos de la gente. Jesús nos muestra que ambos hacen aparentemente lo mismo —orar—, pero no es la postura externa ni las palabras bonitas lo que determina si la oración agrada a Dios, sino el corazón con el que nos presentamos ante Él.

El fariseo se presenta ante Dios orgulloso de sus buenas obras: ayuna, da limosna, cumple los mandamientos. Todo eso es bueno y valioso, por supuesto. El problema no está en lo que hace, sino en cómo lo vive: se cree mejor que los demás, mira por encima del hombro, desprecia al que considera inferior. Su oración no nace del amor, sino de la comparación. Habla consigo mismo, se alaba a sí mismo y termina cerrando su corazón. Dios queda fuera.

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