Domingo 27 - C 2025
El evangelio de este domingo comienza con una súplica que es también la nuestra: “Señor, auméntanos la fe”. Los discípulos sienten que lo que Jesús les pide es demasiado grande para sus fuerzas, amar, perdonar, ser compasivos, y reconocen que solos no pueden. Nosotros también, en medio de tantas exigencias, luchas, cansancios y decepciones, descubrimos que nuestra fe se tambalea, que necesitamos que Dios mismo la sostenga. Y Jesús responde con una imagen desconcertante: no hace falta una fe inmensa, basta con que sea verdadera, pequeña como un grano de mostaza, pero viva, arraigada en lo profundo del corazón. Una fe así no se mide en cantidad, sino en confianza; no se trata de acumular certezas, sino de entregarse en sencillez al Señor.





